Un mensaje sobre “exceso de egos”, roces con equipos clave y críticas a la organización interna marcaron la salida del productor Daniel Merino del Gobierno del Presidente José Antonio Kast, cerrando un breve pero influyente paso por La Moneda. El también director ejecutivo del Festival de Viña del Mar cumplía funciones ligadas a la programación y producción de actividades presidenciales, pese a no contar con un vínculo contractual formal con el Ejecutivo. Su colaboración se daba bajo modalidad ad honorem, ya que decidió mantener en paralelo su rol en la productora Bizarro, una de las principales del rubro en el país.
Sin embargo, según reportó el diario La Tercera, su salida se concretó este lunes en medio de un contexto de tensiones internas que se venían arrastrando desde semanas previas. Uno de los episodios que marcó su distanciamiento fue un mensaje publicado en su cuenta de X, en el que señaló: “Los proyectos no fracasan por falta de ideas, sino por exceso de egos”. Aunque la publicación fue eliminada horas más tarde, en el entorno del Gobierno fue interpretada como una crítica directa al funcionamiento interno de los equipos en Palacio.
De acuerdo con versiones recogidas en el oficialismo, Merino acumuló diferencias con distintas áreas estratégicas, en particular con el equipo de avanzada y la jefatura de gabinete. Uno de los momentos que evidenció estas fricciones ocurrió durante una actividad presidencial en el centro logístico Lo Aguirre de Walmart Chile, donde surgieron discrepancias respecto a la puesta en escena del evento. Pese a ello, el productor mantenía cercanía con figuras del área de comunicaciones, con quienes había trabajado desde la campaña.
De hecho, su rol durante la carrera presidencial de Kast fue clave en la organización de actos masivos, como el cierre en el Movistar Arena y la jornada de celebración de resultados. Ese desempeño lo posicionó como una figura relevante dentro del equipo, lo que llevó al entorno del mandatario a ofrecerle un cargo formal en la estructura de gobierno. No obstante, Merino optó por no desvincularse de Bizarro, lo que derivó en una fórmula de colaboración sin contrato, pero con alta incidencia en la práctica.