La psicóloga Shauna Bowes, profesora adjunta de psicología en la Universidad de Alabama en Huntsville, plantea que este mecanismo tiene una explicación evolutiva. “Si pensamos en la información transmitida de boca en boca como una forma de prueba, es lógico que valoremos más aquello que oímos repetidamente”, explicó. En otros contextos, escuchar lo mismo varias veces desde distintas personas podía funcionar como una señal útil.
Si muchas voces repetían una advertencia, una noticia o una enseñanza, tenía sentido prestarle atención. El problema, advierte Bowes, es que ese mecanismo resulta mucho menos útil en el escenario actual. Hoy, una persona puede ver decenas de veces la misma afirmación falsa no porque muchas fuentes independientes la hayan comprobado, sino porque un algoritmo, una campaña de desinformación o una cadena viral la empujó una y otra vez.
Lee también... Inventaron una enfermedad ridículamente falsa y la IA igual la trató como real Miércoles 06 Mayo, 2026 | 20:42 Redes sociales: el terreno perfecto para la desinformación El efecto de verdad ilusoria se vuelve especialmente potente en los entornos digitales. Barber señala que la desinformación sobre salud y la propaganda política suelen circular repetidamente en redes sociales.
A eso se suma otro elemento: muchas veces, esos contenidos aparecen mezclados con publicaciones de amigos, familiares o cuentas que el usuario considera confiables. Esa combinación puede darle a una afirmación inventada una apariencia de legitimidad. Lo más complejo es que nadie queda completamente a salvo.
El equipo de Bowes y la profesora Lisa Fazio, de la Vanderbilt University, demostró que incluso personas reflexivas y críticas pueden ser vulnerables al efecto de repetición. “Estudio las diferencias individuales para ver si ciertas personas resisten mejor la información falsa, pero con el efecto de verdad ilusoria esas diferencias no parecen tener impacto”, aseguró Bowes. Incluso quienes suelen analizar con cuidado la veracidad de una afirmación pueden sentir que una idea absurda parece menos inverosímil después de escucharla varias veces.
Saber que existe no siempre basta Uno de los puntos más inquietantes es que conocer el efecto de verdad ilusoria no elimina por completo su influencia. Entender que la repetición altera nuestra percepción ayuda, pero no funciona como una defensa infalible. Por eso, los especialistas recomiendan reducir la exposición a contenidos falsos, teorías conspirativas o plataformas donde circula información engañosa de manera constante.
Bowes sostiene que la defensa más realista consiste en limitar el tiempo en espacios que difunden datos erróneos. Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los usuarios. Según Bowes, redes sociales y medios digitales también deberían priorizar la promoción de información comprobada y frenar la circulación de contenidos falsos.
En un ecosistema donde los algoritmos pueden repetir una mentira hasta volverla familiar, elegir bien las fuentes se vuelve clave. Porque, aunque una afirmación no sea cierta, verla demasiadas veces puede bastar para que empiece a sonar peligrosamente creíble.