El país enfrenta desafíos estructurales en productividad, menores leyes de mineral, mayores exigencias operacionales y costos que siguen siendo elevados. Un precio alto puede ocultar temporalmente esas debilidades, pero no resolverlas. Los países mineros se fortalecen no cuando gastan o invierten más durante el auge, sino cuando toman mejores decisiones mientras este ocurre.