Señor Director: En los últimos días se ha visto en distintos medios una discusión a veces académica, a veces política y, en otras, meramente retórica, acerca de la “Propuesta” de modificación de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcción. Según han ilustrado los expertos, y por lo que se puede desprender de la lectura de la Propuesta, el objetivo de la modificación sería desregular para densificar la ciudad, lo que llevaría, bajo ciertas hipótesis, a una baja de los precios de la vivienda. Lamentablemente, una pieza clave que parece estar ausente del debate corresponde a qué clase de vivienda y de ciudad esperan construir los expertos y el Gobierno con esta Propuesta.

Hemos sido testigos —con la regulación actual— de construcciones que han sido denominadas por la sociedad y la prensa como “guetos verticales”, los que, al menos en algún sentido, parecen tener ciertos problemas a la larga para sus habitantes y para sus vecinos. También hemos visto cómo ciertas construcciones deterioran el espacio público y el potencial de muchas zonas residenciales, por no ser respetuosas de las áreas verdes ni de las veredas, ni tener en consideración la saturación de las calles y avenidas en ciertos horarios. Parece importante, entonces, que cuando se busque modificar regulaciones que tendrán un impacto probablemente imperecedero en las ciudades, se piense qué tipo de ciudad se quiere construir.

Esto último ha estado completamente fuera del debate. Y, para cerrar, no hay que olvidar lo que decía Chesterton sobre las reformas: “En lo que respecta a reformar las cosas, a diferencia de deformarlas, existe un principio simple y claro; un principio que probablemente se llame paradoja. En tal caso, existe una institución o ley; digamos, para simplificar, una cerca o puerta erigida a lo largo de un camino.

El reformador más moderno se acerca alegremente y dice: «No le veo la utilidad; quitémosla». A lo que el reformador más inteligente haría bien en responder: «Si no le ves la utilidad, desde luego no te dejaré quitarla. Vete y piensa».

Entonces, cuando puedas volver y decirme que sí le ves la utilidad, tal vez te permita destruirla”.