Un hombre español de 49 años, con sobrepeso pero sin mayores molestias aparentes, despertó en un día en el hospital sin reconocer a su familia. El diagnóstico fue contundente: cirrosis hepática avanzada. Su caso, relatado por el diario El País, ilustra una realidad que los expertos vienen advirtiendo hace años: las enfermedades del hígado pueden avanzar durante décadas sin síntomas visibles, hasta manifestarse de forma grave.
Ese episodio no es aislado. Según el Proyecto LiverScreen, el mayor estudio europeo realizado hasta ahora sobre enfermedad hepática, un 1,6% de las personas mayores de 40 años padece fibrosis hepática sin saberlo. Es decir, una de cada 60 personas podría tener daño en el hígado sin presentar señales evidentes.
La fibrosis hepática ocurre cuando este órgano pierde su capacidad de regenerarse frente a agresiones constantes, como el consumo de alcohol, una dieta poco saludable o el sedentarismo. En ese proceso, se forman cicatrices que dificultan su funcionamiento. Con el tiempo, este deterioro puede evolucionar hacia enfermedades más graves, como la cirrosis o incluso el cáncer hepático, ambas asociadas a una alta mortalidad.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio, que analizó a más de 30. 000 personas en nueve países europeos, es precisamente el carácter silencioso de la enfermedad. “El paciente no irá al médico porque no tiene síntomas”, advierten los investigadores citados por El País.
De hecho, el desarrollo de estas patologías puede tardar entre 25 y 30 años, lo que complica su detección oportuna. A esto se suma otro problema: los exámenes tradicionales no siempre son eficaces. Las transaminasas, comúnmente utilizadas para evaluar la salud hepática, no permiten confirmar ni descartar la presencia de fibrosis.
Por ello, el estudio propone una nueva estrategia basada en un “Risk Score”, una fórmula que combina variables como la edad, el sexo y parámetros sanguíneos (glucosa, plaquetas y enzimas hepáticas) para identificar a personas en riesgo. Cuando este indicador sugiere la presencia de fibrosis, se recurre a una prueba no invasiva llamada elastografía de transición (conocida como FibroScan), similar a una ecografía, que mide la rigidez del hígado y permite detectar cicatrices. El avance, según los especialistas, radica en la posibilidad de diagnosticar la enfermedad en etapas tempranas, incluso antes de que aparezcan síntomas.
Esto abre la puerta a intervenir a tiempo: modificar hábitos, tratar factores de riesgo como la obesidad o la diabetes, y evitar así la progresión hacia estados más severos. En esa línea, el rol de la atención primaria se vuelve clave. El estudio plantea que los médicos generales incorporen este tipo de evaluaciones en pacientes mayores de 40 años, especialmente aquellos con factores de riesgo.
La meta es clara: detectar precozmente una enfermedad que, hasta ahora, solía descubrirse demasiado tarde.