“Tengo la esperanza de que reconozcamos las ineficiencias de un escenario donde todos intentan construir resiliencia interna, las rutas comerciales son más estrechas y los países son vulnerables a la explotación de naciones más poderosas”, manifestó el académico de la Booth School of Business de la Universidad de Chicago, planteando que estamos lejos de eso y destacando las complejidades que enfrenta la economía mundial en un escenario de reordenamiento geopolítico, de lo cual forma parte la guerra en Medio Oriente. En conversación con DF, quien fuera presidente del Banco de Reserva de India planteó que los países que peor la pasarán con las restricciones al suministro energético serán los más pobres, mientras que ve un panorama complejo para las naciones que no formen parte de la esfera de influencia de grandes potencias, en el marco de la confrontación entre China y Estados Unidos. - La guerra en Medio Oriente ha generado, en palabras de la Agencia Internacional de Energía, “la mayor crisis de energía de la historia”.

¿Cómo evalúa el daño económico hasta ahora? - Para los países más pobres, que tienen reservas estratégicas de petróleo o gas muy limitadas, el daño ya está aquí. Se están encontrando con que las cantidades (de energía) están restringidas y tienen que reducir su actividad: cerrando fábricas, tiendas...

Algunos han pasado a semanas laborales de cuatro días en oficinas de gobierno. Hay distintos tipos de ajustes. Para los países más ricos las cantidades no son una restricción, tienen suficiente energía, pero enfrentan el hecho de que el precio ha subido bastante.

Ellos no dejan que el precio suba demasiado, subsidiando a los hogares. Están gestionando la situación por ahora. Pero el verdadero problema es que, si el estrecho no se abre, alrededor del 12% de la energía mundial está fuera de los mercados globales y el mundo tiene que ajustarse.

Parte de eso se ha enmascarado hasta ahora por reservas estratégicas y por el hecho de que parte del petróleo ya venía en tránsito cuando empezó la guerra, pero ya llegó a destino. Si el petróleo no vuelve a fluir, la actividad de los países se tendrá que desacelerar en torno a 12% para ajustarse al mismo porcentaje de energía global que ha desaparecido. Eso significa que los países más pobres soportarán la mayor carga, porque los países ricos pueden pagar por la energía restante, mientras que ellos tendrán más dificultades para pagar precios más altos del petróleo, no podrán costearlo.

A nivel global, mientras todos intentan atraer la energía restante hacia sí mismos, serán los países, industrias y hogares más vulnerables los que sufrirán más. - ¿Este conflicto podría llevar a cambios estructurales en la economía global? - Casi con seguridad lo hará.

Si todavía hay incertidumbre sobre las intenciones de Irán, los países del Golfo (Pérsico) intentarán encontrar formas más seguras de sacar su petróleo y gas natural hacia el exterior. Arabia Saudita ya tiene un oleoducto hacia el mar Rojo para exportar desde ahí. Eso tampoco es completamente seguro porque podría haber ataques desde Yemen; los hutíes podrían atacarlo.

Los Emiratos Árabes Unidos también van a buscar formas de evitar el estrecho de Ormuz. Habrá intentos tanto de los productores como de los países consumidores de reducir la dependencia de fuentes de energía vulnerables a interrupciones. También intentarán construir mayores stocks de reserva.

En vez de 25 días, los países empezarán a hablar de 5 mil días de reservas. Además, habrá un impulso hacia energías renovables, que son menos vulnerables a interrupciones. En cierto sentido, el lado positivo es que podríamos ver una acción climática más fuerte, porque las fuentes de energía basadas en carbono se vuelven más problemáticas.

- Algunos plantean que esos mismos cambios podrían impulsar el crecimiento. ¿Tendrían la capacidad de compensar la desaceleración que anticipa? - Cualquier cambio adverso primero tendrá un impacto negativo en el crecimiento y solo más adelante uno positivo.

Ya ves preocupaciones sobre el alza de precios de los alimentos, a medida que los fertilizantes son más difíciles de conseguir y suben de precio, al igual que la energía. Los agricultores sembrarán menos o cosecharán menos. Y con El Niño tampoco ayudando este año, es posible que las cosechas sean más limitadas.

Eventualmente el mundo se ajustará, habrá nuevas fuentes de fertilizantes, pero inicialmente habrá escasez. Lo mismo con la energía: eventualmente tendremos más renovables, pero en el corto plazo es difícil aumentar su producción rápidamente. El primer efecto será que algunas fábricas tendrán que cerrar porque los costos energéticos son demasiado altos.

Algunos hogares no podrán pagar gasolina más cara, viajarán menos y consumirán menos. Incluso en EEUU se ve preocupación por hogares más pobres que deben destinar más presupuesto a gasolina, reduciendo el gasto en otras cosas. Si los precios llegan a US$ 150 o US$ 200 por barril, veremos una caída significativa del consumo.

Los costos son de corto plazo. Los beneficios de mayor resiliencia o transición energética se verán en el largo plazo. “La proximidad geopolítica será cada vez más importante.

Si la fragmentación continúa, Chile podría tener que elegir” entre China y EEUU. - Muchos plantean que el impacto depende del tiempo en que se prolongue el cierre de Ormuz. ¿Qué plazos podrían cambiar drásticamente el panorama?

- Todos están adivinando. Las grandes incógnitas son: cuán dependientes son hoy nuestras economías de la energía y cuánto pueden cambiar esa dependencia con medidas de emergencia. China e India tienen mucho carbón, así que podrían usar más carbón para generar electricidad en lugar de petróleo o gas.

También está la respuesta de la demanda: a medida que suben los precios, cuánto reduce la gente su consumo. El número clave es si podemos reducir el consumo en 12% a 15%. No se ha visto aún porque había petróleo en tránsito al inicio.

Luego vinieron los stocks y ajustes. Pero mientras más dure, más doloroso será el ajuste. - ¿Cómo ve a la economía operando en medio del reordenamiento geopolítico en curso, que va más allá de la guerra en Medio Oriente?

- Tenemos es una situación en la que la apertura implica vulnerabilidad. Hay dos superpotencias que son depredadoras de distintas maneras. China insiste en un modelo de crecimiento que depende del resto del mundo para proveer demanda y está exportando sus excedentes al resto del mundo, sin hacer lo suficiente para impulsar el consumo interno.

Y luego tenemos a EEUU, que ahora está tratando de hacer lo que es mejor para el país, lo que a veces se produce a expensas de otras naciones. Los más golpeados serán los países que no tienen un patrocinador natural, por ejemplo, en África subsahariana donde no pertenecen realmente a la esfera de influencia europea, estadounidense ni china, y que en gran medida están por su cuenta, porque son los que más dependen de una economía global que funcione para todos. De hecho, en esta turbulencia energética, quedan librados a su suerte, porque nadie está acudiendo en su ayuda en este momento.

Creo que los que tienen mejores perspectivas son aquellos que cuentan con una gran potencia regional o global cercana a la cual pueden venderle. Pero, a diferencia del pasado, eso implica elegir bandos. ¿Puedo mantenerme totalmente neutral?

No, porque en un mundo donde las reglas del comercio global se están debilitando, probablemente necesito estar más cerca de un grupo que de otro para que mis exportaciones estén protegidas. Tengo la esperanza de que reconozcamos las ineficiencias de un escenario donde todos intentan construir resiliencia interna, las rutas comerciales son más estrechas y los países son vulnerables a la explotación de naciones más poderosas. Esperaría que, en este entorno, eventualmente veamos una reaparición de nuevas reglas, pero también formas de hacerlas cumplir que no dependan de las potencias, que haya mayor dependencia de autoridades independientes.

Pero estamos lejos de eso. - ¿La neutralidad también es difícil para Chile, que tiene fuertes relaciones con China y EEUU? - Chile debe hacer una diplomacia muy cuidadosa.

China es clave para exportaciones de commodities. EEUU lo es para otros productos, como frutas. La proximidad geopolítica será cada vez más importante.

Si la fragmentación continúa, Chile podría tener que elegir un lado.