Lee también... Lago Villarrica: un paciente agónico en sala de espera Martes 28 Abril, 2026 | 15:50 Y es que «compartir» significa, por definición, «tener con otro algo en común». Bajo esta premisa, la única historia de identidad territorial compartida por los habitantes de La Araucanía es una que se tiende a callar; una que oculta, bajo la alfombra de leyes indígenas inclusivas, ese racismo latente que se remonta a un pasado colonial supremacista.
Época de campos rojos, de abusos y de olvido. De pálidos rostros enhiestos a expensas de espaldas laceradas. De salones rubios y establos de aceituna.
La historia de un territorio nativo, colonizado y herido. El Monumento a La Araucanía: su verdadero valor identitario A pesar de lo expuesto, levante su frente orgullosa el mapuche ante infame escultura, pues, en el bronce y la piedra labrada del monumento, la voz del Ngünechen tronará desde el Wenu Mapu, revelando la oculta verdad tras aquellas figuras: —«Sin cesar mueve sus brazos la machi, golpeando el kultrung con ruegos de libertad. El toqui esgrime su lanza contra el wingka invasor, cargando en su mirada la furia de cuatro siglos.
Hacia su derecha, un soldado en descanso manifiesta la conquista consumada, mientras el granjero colono siembra promesas de pacífica esclavitud. Finalmente, declama el hidalgo poeta sus épicos versos que narran hazañas de un pueblo indomable que hasta hoy no ha sido vencido». (Reg.
DDI N°: 2025-A-6812) Resignifique dicho pasaje el legítimo relato del Monumento a La Araucanía, reivindicando su valor identitario desde la verdad que conmemora.