En este contexto, la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) ha marcado un cambio. Esta normativa establece que las empresas que ponen productos en el mercado deben hacerse responsables de la recolección y valorización de los residuos que generan al terminar su vida útil. Con ello, el reciclaje dejó de depender únicamente de la voluntad de las personas o municipios y pasó a ser también una obligación regulatoria para productores e importadores.
El reciclaje no termina cuando una persona deja materiales en un punto limpio, es solo el inicio. Después de la recolección, los residuos pasan por varias etapas: transporte, clasificación, separación y procesamiento. Posteriormente, son enviados a empresas recicladoras que los transforman en nuevas materias primas.