En los últimos días se ha planteado la opinión de que la agricultura estaría al debe en materia de reciclaje, particularmente en la gestión de plásticos. Es válido abrir esta conversación y reconocer que existen desafíos pendientes, pero también es necesario hacerlo con rigor, evitando simplificaciones que desconocen avances concretos que el sector ha impulsado desde hace décadas. La gestión de residuos plásticos en el agro no es un tema nuevo.

Ya en 2004, el sector —a través de AFIPA— puso en marcha el programa Campo Limpio, mucho antes de la Ley REP, abordando la recuperación de envases de productos agroquímicos en los predios. Asimismo, en la negociación del Acuerdo de Producción Limpia del sector lechero en la Región de Los Lagos (2005), este tema ya estaba presente. Si bien ese proceso no se concretó, permitió visibilizar tempranamente el desafío y generar aprendizajes relevantes.

Desde 2011, como Agrollanquihue, impulsamos campañas de recolección de plástico, respondiendo al interés de nuestros asociados por dar una adecuada disposición a estos residuos, especialmente el film utilizado en la confección de bolos. A esto se han sumado iniciativas lideradas por empresas como Nestlé, Colun, Soprole y Watts junto a productores agrícolas, socios nuestros, lo que evidencia que este es un trabajo de largo plazo. Con la entrada en vigencia de la Ley REP, surgieron nuevas soluciones de retiro y valorización.

Algunas han funcionado, otras no han logrado consolidarse, principalmente por desafíos logísticos y económicos propios de un territorio extenso y disperso. Aun así, el sector ha estado disponible para colaborar y buscar alternativas viables. De hecho, muchos agricultores hoy almacenan estos residuos en sus predios, a la espera de soluciones eficientes.

Como gremio, hemos promovido espacios de articulación como el Centro Tecnológico de Economía Circular de la Región de Los Lagos y participamos en iniciativas como el Pacto por una Región Sostenible e Inclusiva, donde la economía circular es un eje prioritario. Esto da cuenta de una disposición real por avanzar. También es importante comprender el contexto productivo.

El uso de plásticos en el agro no responde a un capricho, sino a la necesidad de resguardar insumos, mejorar la eficiencia y asegurar la producción de alimentos. Esto ha sido clave para fortalecer un sector relevante para la economía nacional. El desafío no es desconocer lo avanzado, sino acelerar soluciones técnicamente viables y económicamente sostenibles.

La economía circular se construye desde la colaboración, no desde la crítica aislada. El desafío es grande, pero también lo es el compromiso. Y en ese camino, el agro no está al margen: está avanzando.