Señor Director: La reciente noticia sobre el hallazgo de un feto al interior de un locker en un centro comercial de San Bernardo ha conmocionado profundamente a la opinión pública. Frente a hechos tan dolorosos, suele aparecer rápidamente el juicio social, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre un aspecto esencial: la salud mental materna durante el embarazo y el puerperio. El embarazo no siempre es vivido desde la tranquilidad o el apoyo emocional.

Muchas mujeres atraviesan este proceso en condiciones de extrema vulnerabilidad psicológica, económica y social. La depresión perinatal, los trastornos de ansiedad, el miedo, la violencia intrafamiliar, el abandono y la soledad pueden generar estados de desesperación severa que requieren atención profesional urgente y oportuna. Como sociedad, seguimos abordando la maternidad desde ideales románticos que invisibilizan el sufrimiento psíquico de muchas mujeres.

La salud mental materna no puede continuar siendo un tema secundario dentro de las políticas públicas. Se necesita mayor educación, acceso temprano a apoyo psicológico, redes comunitarias de contención y una mirada menos castigadora hacia quienes atraviesan crisis profundas durante el embarazo. Más allá del impacto de esta noticia, debiéramos preguntarnos qué estamos haciendo para prevenir que mujeres lleguen a situaciones extremas en completo silencio y desamparo.

La prevención también implica escuchar, acompañar y cuidar la salud mental con la misma importancia que la salud física.