Por ello, resulta urgente avanzar hacia una reforma estructural del reconocimiento docente que considere la complejidad real del trabajo pedagógico, el aumento significativo de horas no lectivas, la reducción efectiva de la carga administrativa, el fortalecimiento de equipos de apoyo profesional, la implementación de asignaciones especiales para contextos de alta complejidad y la protección efectiva de la salud mental docente. Del mismo modo, se requiere reformar el sistema de Carrera Docente incorporando la multidimensionalidad del trabajo pedagógico y reconociendo la función pública y estratégica que cumple el profesorado para el desarrollo nacional. La educación pública no podrá fortalecerse mientras continúe sosteniéndose en la sobre exigencia invisible del profesorado.

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Reconocer el verdadero valor del trabajo docente no constituye un privilegio corporativo, sino una necesidad ética, social, pedagógica y democrática. Porque no existe convivencia escolar sin docentes protegidos, no existe inclusión real sin docentes respaldados y no existe educación pública de calidad sin un profesorado reconocido, dignificado y justamente valorado. Como señala Cristian Bellei (2015), “no es posible mejorar el sistema escolar sin mejorar simultáneamente las condiciones materiales y simbólicas del profesorado”.