La explotación de tierras raras y minerales críticos podría transformar a Chile en un actor estratégico en materia de defensa, tecnología e industria avanzada. Así lo planteó el asesor en asuntos públicos, defensa y seguridad, Rodrigo Cárcamo, durante una extensa entrevista en el programa Voces de Mando de El Periodista TV. En conversación con el conductor Cristian Slater, Cárcamo explicó que el creciente interés global por estos minerales responde a su importancia en industrias de alta complejidad, especialmente en sistemas militares, aeronáutica, telecomunicaciones y tecnologías asociadas a la transición energética.
“Las tierras raras tienen una incidencia directa en la superioridad operacional multidominio. Están presentes en aviones F-35, submarinos, drones, radares y sistemas de propulsión militar”, afirmó el especialista. Chile y el desafío de salir del extractivismo Durante la entrevista, Cárcamo sostuvo que Chile enfrenta una disyuntiva histórica respecto al futuro de estos recursos estratégicos: continuar con un modelo basado únicamente en la extracción o avanzar hacia cadenas de valor que permitan procesar y desarrollar componentes tecnológicos dentro del país.
“Nos vamos a tener que preguntar si seguimos manteniendo una matriz extractivista o si avanzamos en explorar, explotar, procesar minerales y eventualmente producir bienes intermedios”, señaló. El analista destacó que Chile posee depósitos de tierras raras en distintas zonas del país, especialmente en el norte y en la Región del Biobío, donde el proyecto de la empresa Aclara en Penco aparece como la iniciativa más avanzada actualmente. A juicio de Cárcamo, la Región del Biobío podría convertirse en un polo estratégico de desarrollo industrial asociado a minerales críticos gracias a su infraestructura portuaria, capacidad industrial y presencia de empresas estratégicas de defensa.
“Biobío tiene el potencial de convertirse en un polo minero diferente a los minerales tradicionales que Chile explota”, indicó. Defensa, industria y soberanía tecnológica Uno de los principales puntos abordados en el programa fue la relación entre minería estratégica y soberanía nacional. Según explicó Cárcamo, el desarrollo de capacidades industriales vinculadas a tierras raras permitiría fortalecer la autonomía tecnológica y logística del país, además de potenciar la industria de defensa nacional.
“Las tierras raras generan potencial para el poder militar y ese poder militar también es clave en el desarrollo industrial del país”, sostuvo. El especialista planteó además la necesidad de generar una articulación entre el Estado, las Fuerzas Armadas, universidades, centros de investigación y empresas privadas, bajo una lógica de “triple hélice” de innovación. En ese sentido, destacó el rol que podrían cumplir instituciones como FAMAE, ASMAR y ENAER, junto con universidades y centros tecnológicos regionales.
“Es necesario que el ecosistema de la defensa se conecte con el sistema de conocimiento e investigación”, afirmó. Interés internacional y competencia geopolítica La conversación también abordó el interés creciente de potencias como Estados Unidos y China por asegurar acceso a minerales críticos. Cárcamo mencionó el reciente memorándum de entendimiento firmado entre Chile y Estados Unidos para promover cooperación tecnológica y atracción de inversiones en esta área.
Asimismo, destacó el avance de Brasil en políticas orientadas a industrializar la explotación de tierras raras mediante subsidios y desarrollo tecnológico. “El proyecto brasileño busca industrializar la extracción y procesamiento de tierras raras, algo muy vanguardista a nivel regional”, explicó. “Las tierras raras ya no son tan raras” Hacia el cierre del programa, Cárcamo subrayó que estos minerales forman parte de la vida cotidiana mucho más de lo que las personas imaginan.
“Un celular no funcionaría sin componentes de tierras raras. Tampoco las telecomunicaciones, los sistemas GPS o los sensores para gestión de riesgo y desastres”, afirmó. El analista insistió en que el debate debe trascender la minería tradicional y considerar el impacto que estos recursos pueden tener en empleo, descentralización, investigación científica y desarrollo regional.
“Al fomentar industria hay más trabajo, más oportunidades en regiones y más desarrollo tecnológico”, concluyó.