El Gobierno del Reino Unido publicó una serie de documentos oficiales que revelan que el príncipe Andrés nunca fue sometido a investigaciones de antecedentes ni auditorías de riesgo antes de ser nombrado enviado comercial británico en 2001. La información salió a la luz luego de una solicitud parlamentaria realizada en febrero pasado para esclarecer cómo se produjo el nombramiento del hijo de la reina Isabel II, cuya figura quedó gravemente dañada por sus vínculos con el fallecido financista y delincuente sexual Jeffrey Epstein. El ministro de Comercio y Seguridad Económica, Chris Bryant, reconoció que no existen registros de un proceso formal de revisión sobre posibles conflictos de interés o riesgos reputacionales.

“No encontramos pruebas de diligencias debidas ni de verificación de antecedentes”, afirmó el secretario de Estado al presentar los documentos ante el Parlamento británico. Según explicó, en aquella época se consideraba “normal” que los miembros de la Corona no fueran sometidos a controles de este tipo antes de asumir cargos públicos relacionados con comercio exterior. Los documentos también revelan que fue la propia reina Isabel II quien solicitó que Andrés asumiera el puesto como enviado comercial del Reino Unido, función que incluía representar al país en negociaciones y promoción internacional de inversiones por miles de millones de dólares.

Bryant señaló que reconstruir el proceso fue complejo debido a que hace 25 años gran parte de la documentación gubernamental aún se almacenaba en archivos físicos. Parte de los textos publicados fueron editados para proteger datos personales y evitar daños en las relaciones exteriores británicas. Además, el gobierno confirmó que consultó con la policía antes de divulgar los antecedentes para evitar interferencias con investigaciones en curso.

Durante una sesión en la Cámara de los Comunes, Bryant insistió en que con la información disponible en ese momento no era posible prever la futura controversia por la relación del príncipe Andrés con Epstein. Actualmente, los enviados comerciales británicos son parlamentarios sujetos a normas de transparencia y códigos de conducta, una situación muy distinta a la existente cuando Andrés fue nombrado. El escándalo reabre cuestionamientos sobre el nivel de protección histórica otorgado a miembros de la realeza británica y sobre los mecanismos de control utilizados para cargos de alta representación internacional.

El príncipe Andrés abandonó sus funciones públicas tras el escándalo por sus vínculos con Epstein y perdió gran parte de sus títulos y privilegios reales.