El debate sobre el salario mínimo siempre genera expectativas legítimas entre las y los trabajadores de nuestro país. Y es natural que así sea. Detrás de cada cifra existe una familia, un hogar que busca llegar con mayor tranquilidad a fin de mes y enfrentar de mejor manera el costo de la vida.

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Por eso, como Gobierno, hemos impulsado un ajuste responsable del salario mínimo, que permita proteger el poder adquisitivo de las personas, incorporando incluso el último IPC informado para reflejar de mejor forma la realidad económica que viven las familias chilenas. Queremos mejorar salarios, pero también es necesario abordar esta discusión con sentido de realidad y responsabilidad. Porque hablar de salarios sin considerar el aumento de los costos sería una mirada incompleta.

Hoy Chile enfrenta un escenario laboral complejo. Llevamos 39 meses con una tasa de desempleo superior al 8%, la desocupación femenina bordea el 10% y más de 925 mil personas buscan trabajo sin encontrarlo. En regiones comoTarapacá, además, enfrentamos una alta informalidad laboral femenina con un 35.

4%. En este contexto, distintas instituciones han advertido sobre los efectos que pueden tener incrementos desalineados de la productividad y de la capacidad de contratación de las empresas. Existe un estudio del Banco Central ampliamentedifundido que concluye que las alzas del salario mínimo aplicadas en años anteriores tuvieron impactos negativos sobre el empleo, especialmente en grupos con mayores dificultades de inserción laboral.

Ignorar esos antecedentes sería irresponsable. Nuestro desafío es avanzar hacia mejores remuneraciones, pero cuidando al mismo tiempo la generación de empleo formal. Porque de nada sirve promover aumentos salariales si eso termina dificultando nuevas contrataciones o afectando la continuidad laboral de miles de trabajadores.

Por eso creemos que subir salarios y crear empleo no son objetivos contrapuestos. Ambos pueden avanzar de la mano cuando exist responsabilidad fiscal, diálogo social y políticas públicas que incentiven el crecimiento económico, la inversión y la formalización laboral. Necesitamos más empresas creciendo, más inversión destrabada, má oportunidades para mujeres y jóvenes y más empleos formales con seguridad social y estabilidad.

El verdadero desafío no es solamente cuánto sube el salario mínimo, sino cómo logramos construir una economía capaz de generar más y mejores empleos para las familias chilenas. Ese es el camino que debemos seguir impulsando con responsabilidad equilibrio y sentido de urgencia social.