Pasan las semanas y, con especial foco en salud y educación, los recortes presupuestarios del gobierno siguen estando en el centro de la polémica. Desde Ñuñoa, Sebastián Sichel figura entre los alcaldes críticos y considera que ahorrar en gasto social es una “mala señal”. En esa línea, el exministro de Desarrollo Social apunta sus dardos hacia La Moneda y dice que es más fácil cortar programas sociales porque no implica costos en la relación con los partidos políticos.

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Sobre la controvertida frase del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de “hacer más con menos”, el jefe comunal emplazó directamente al Ejecutivo. “Yo diría mejor que lo haga el gobierno y que corte ministerios”. Para Sichel, tener 25 ministros en Chile “es una chifladura” y por eso propone una reducción a 18 autoridades.

Igualmente, el alcalde aborda la reducción de restricciones —del Minvu— para construir y señala que está bien buscar un aumento de la densidad, pero es necesario ver cómo hacerlo de forma racional. Lo anterior, advirtiendo que Ñuñoa es de aquellas comunas que ya están sobrepobladas. La seguridad y los eventos masivos también forman parte de la conversación.

Ante el retorno del público visitante a los partidos de alta convocatoria, que estará de regreso en el próximo superclásico programado para agosto en el Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos, Sichel asegura tener condiciones. De lo contrario, se opondrá tajantemente. Contingencia, cambio de gabinete e idea de reducir ministerios —Usted fue ministro.

Teniendo en cuenta y destacando que es netamente una atribución presidencial, le quiero preguntar su opinión sobre el cambio de gabinete. ¿Cree que estuvo bien o les hubiese dado más tiempo a las ministras? Los ministros son de confianza absoluta del presidente y él determina los tiempos, y creo que en este caso era bien evidente que había fallas.

Yo lo había dicho hace un mes y medio, que en seguridad y en Segegob había problemas de comunicación y afectaba a dos de las estrategias principales del gobierno: La instalación con un propósito, que era el tema de la vocería, y la instalación de una estrategia de seguridad. En dos meses creo que era suficiente tiempo para evaluar y tomar una decisión. Actuó rápido porque en otros gobiernos se han demorado mucho.

Yo creo que actuó rápido, entendiendo que sus prioridades estaban siendo afectadas por los problemas comunicacionales de las ministras. —¿Cree que marca un cierre al proceso de instalación? Yo creo que sí.

Esto, cuando uno está recién entrando a la cancha, te permite ordenar las piezas y creo que por lo menos va a permitir funcionar más ordenado. Y a mí me pone contento por otra cosa, yo he sido persistente en decir que sobran ministros, y lo digo bien en concreto. Esa idea de tener 25 ministros en Chile es una chifladura - Alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel Provoca problemas, descoordinación, contradicciones entre ellos y creo que la decisión que tomó el Presidente de hacer biministerios, ir concentrando ministerios, es la decisión inteligente que espero que se traduzca después en cambios administrativos.

O sea, que desaparezcan algunos ministerios porque parte de los problemas que tienen los gobiernos de instalación es que ningún equipo de fútbol puede funcionar bien con 25 jugadores en la cancha; no existe ningún plantel que sea de 25 personas, salvo en el gobierno, que es la institución política más importante del país. Hay que volver a los 18 ministerios urgentemente. —¿Cuáles ministerios eliminaría o fusionaría?

Un solo ministerio político, un Ministerio del Interior que hace vocería y relaciones con el gobierno. Eso hace desaparecer Segegob y Segpres. Un solo Ministerio Económico que fusione Trabajo, Energía, Minería y Economía, que se llame Industrias y Comercio.

Un solo Ministerio de Infraestructura que fusione Obras Públicas, Bienes Nacionales, Vivienda y Transporte. Yo creo que con eso uno llega a un número adecuado. Lo veo como alcalde, esto no es solo político de ahorrar plata, tratar de coordinarse hoy día es muy difícil (…) Espero que este sea el primer camino para que tomemos la racionalidad de tener buenos gobiernos.

Los buenos gobiernos pasan por tener buenos Presidentes, pero también por tener buenas instituciones y hoy día tenemos malas instituciones con tantos ministros. Recortes presupuestarios —Usted, al igual que otros alcaldes, ha sido crítico con los recortes a los presupuestos en salud y educación. El ministro Jorge Quiroz apunta a hacer “más con menos” y también a mejorar la eficiencia.

¿Cómo evalúa esa lectura que hacen desde el gobierno? Yo creo que hay una mala lectura; Chile no es Argentina, en Chile no sobra el gasto social. Si me preguntas como alcalde y como exministro de Desarrollo Social, la cantidad de transferencias que reciben las clases medias en Chile es bajísima.

La cantidad de apoyos que tienen aquellos que no están en vulnerabilidad, sino que están en el borde (…) es insuficiente y, por lo tanto, tratar de recortar o provocar ahorros en el déficit por gasto social es un error grave. Y lo digo así abiertamente. Me acaba de llegar el presupuesto de salud; el reajuste en el per cápita es menos del 2%, es menos que el IPC.

En términos reales, Ñuñoa tiene menos plata para salud que este año. Si el consejo es que hagamos más con menos, yo diría mejor que lo haga el gobierno y que corte ministerios, que achique presupuestos, pero nosotros no vamos a dejar de hacer lo que tenemos que hacer porque estamos en la calle todo el día y tengo que atender a la gente que llega al Cesfam, darle educación a los niños y ayudar a alguien que se queda sin pega. Esa es la prioridad mía y me parece una mala lectura creer que el Estado chileno tiene que ahorrar en gasto social.

El verdadero ahorro en Chile está en la burocracia del Estado central y ahí he visto poco interés de reducir el gasto. Le diría al ministro Quiroz que, por favor, se apure porque si fusionara ministerios, ahorraría mucho más que recortando los gastos en salud. —¿A qué cree que responde esa mala lectura?

¿A falta de visión de la realidad? No, yo diría que están partiendo por lo fácil, siempre es más fácil cortar programas sociales porque no pagas ni un costo político. Se diluye en municipios, en el territorio, en todo el país.

Cuando tú tienes que achicar ministerios, el costo político es más grande porque hay un partido que queda infeliz porque tiene un ministro menos, hay funcionarios y asesores que desaparecen, hay seremis que no se nombran y, por lo tanto, el costo acá lo paga Moya; se diluye entre muchos millones de chilenos. Y cuando se reducen cargos políticos, lo pagan los partidos. Yo creo que hay ahí una forma de hacerlo rápido, pero no necesariamente de manera eficiente.

Y segundo, es ahorrarse el camino legislativo. Siempre es más fácil cortar programas sociales porque no pagas ni un costo político - Alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel Lo voy a decir bien en simple: mira la ridiculez de lo que pasa en regiones. Hay un delegado presidencial que representa al gobierno y el vocero del Gobierno y también hay un seremi de Gobierno nombrado, que es vocero de Gobierno y representa al Gobierno.

Debería ser una sola persona y debería ser un solo asesor y no 20 personas que hay por región en cada una de estas instituciones. Entonces, la gran pregunta es: ¿Por qué no hacerlo ahí? Requiere cambio legislativo y algunos de los partidos de regiones no quedan felices y, por lo tanto, el costo simbólico es mucho mayor para la política, pero no para el ciudadano.

Yo creo que esas son las peleas que hay que tener coraje de dar: es achicar burocracia y no achicar gasto social donde falta. —¿Qué tan graves podrían ser las consecuencias del recorte de 2,5% en salud? (…) El alcalde Rodrigo Wainraihgt (RN) dijo que esto podría costar vidas.

¿Cree que pueda ser así? Yo escuché al alcalde Tomás Vodanovic decir algo terrible, que esto significa cerrar los consultorios a las 16:00 de la tarde o algo así. Yo soy super claro con la gente de Ñuñoa y con la gente del país; yo no voy a disminuir ni una prestación en salud; si tengo que achicar la fiesta de Navidad, si tengo que sacar funcionarios, lo voy a hacer.

Creo que es una irresponsabilidad lo que hizo el alcalde Vodanovic cuando dice que quizás va a tener que cerrar los centros. No hay que usar nunca de rehenes a las personas para sus necesidades básicas, los municipios van a tener que hacer esfuerzos en cosas distintas. Es obvio que va a impactar, porque nosotros lo que hacemos es hacer menos podas, tapar menos hoyos; eso es lo que vamos a tener que ir eliminando para salud.

Pero en materia de educación, en Ñuñoa no va a haber ningún peso menos (…) lo que no voy a hacer es pagar el costo en lo que son los servicios básicos como salud, educación. Mi llamado es, particularmente, al alcalde Vodanovic y a los de oposición, que no usen de rehén a la gente ni en materia de contribuciones ni en salud. Acá nuestra pega es que ellos tengan lo necesario y veremos nosotros de dónde raspamos la olla.

Me da rabia la decisión del gobierno de reducir el gasto social, pero eso no significa que le voy a hacer pagar el costo a los ciudadanos de a pie que necesitan la ayuda de un municipio en materias básicas o esenciales como la salud o la educación. Ciclovías, sobrepoblación, fútbol y eventos masivos en Ñuñoa —Tanto el ministro de Transportes, Louis de Grange, como el de Vivienda, Iván Poduje, tienen una visión crítica hacia las ciclovías. ¿Cuál es su visión sobre ese tipo de infraestructura?

¿Se le debería dar prioridad o no necesariamente? En Ñuñoa, sí. Mira, yo soy malo para los blancos y los negros, las barras bravas.

Entonces no es sí o no ciclovías; creo que esa es una forma frívola de ver la política. En el caso de Ñuñoa, se necesitan ciclovías, por supuesto, porque es una comuna plana en que la gente en general trabaja en la comuna o al lado y por lo tanto esa conectividad es esencial para la movilidad. Obviamente, si la pregunta fuera al alcalde de San Bernardo y se necesita una ciclovía para conectarse con el centro… capaz que sea distinta por los tiempos de traslado, pero yo soy una comuna céntrica en que la interconectividad vía ciclovías es importante y tiene que hacerse.

Estamos trabajando en eso nosotros y vuelvo a la frivolidad de la política actual: Esta idea de gallitos entre sí a la ciclovía o no la ciclovía ha sido absurda. Cada comuna y cada lugar puede tener soluciones distintas en movilidad y la inteligencia de la gestión urbana tiene que ver con eso. En el caso de Ñuñoa, se necesitan más ciclovías y entiendo que en otros lados no.

Lo que pasa es que aquí hay gente que transforma esto en batallas épicas: los que queremos la ciclovía y los que no queremos la ciclovía. Yo creo que en su justa medida hay que tomar la definición de cuál es el método de conectividad más eficiente para la comuna donde está. —¿Cómo ve esto de reducir restricciones para construcción por parte del Minvu?

¿Hay un riesgo en sobrepoblar ciertas áreas con guetos verticales en su comuna, por ejemplo? En otras, como Estación Central e Independencia, dicha situación generó crisis en materia de seguridad con estos “edificios sin ley”. Yo mandé una serie de observaciones al Ministerio de Obras Públicas, que no hemos recibido todavía respuestas porque en el caso Ñuñoa no estamos de acuerdo con la propuesta de la modificación de la Ordenanza de Urbanismo y Construcciones porque aumenta la densidad de manera no racional ni aquellos lugares que han sido focos para el municipio, para aumentar densidad, y ni siquiera conversa bien con nuestro plan regulador.

Yo creo que tampoco los municipios somos un buzón. Está bien que se quiera aumentar la densidad, pero tiene que haber una conversación de cómo esto se hace racional, y ya Ñuñoa es de aquellas comunas que han sido sobrepobladas. La necesidad de construir tiene que conversar con la necesidad de tener ciudades vivibles.

Esto no es solamente un problema urbano, es un problema de la capacidad de absorción de la calle, de la ciclovía, del metro, y yo siento que lo que se nos propuso no tiene esa interpretación y esa realidad; por eso mandamos más de 60 observaciones porque no estamos de acuerdo. —A través de un dictamen, la Contraloría dejó sin efecto los límites horarios a barberías y estableció que los municipios no tienen atribuciones para restringirlos. ¿Qué opina de esa decisión?

Esto es algo más de fondo, tiene que ver con barberías y otras cosas. Yo me he encontrado con botillerías, con Teletrak que evidentemente provocan incivilidades y no cumplen normas… Tengo una notaría acá que está fuera de toda norma y no tengo ninguna capacidad de cerrarla. Y yo creo que aquí tiene que haber una conversación distinta: Si queremos ordenar la ciudad, los alcaldes y los municipios tienen que tener atribuciones para cancelar o caducar patentes.

Eso es super importante. Entonces, lo de las barberías es la punta del iceberg (…) La libertad de comercio, de la cual soy yo principal promotor, tiene que conversar con aquellos que, una vez que tienen patente, pueden ser regulados si no cumplen las condiciones mínimas de funcionamiento. Entonces, lo que resuelve la Contraloría es un balde de agua fría para esta estrategia de ordenar la ciudad porque, si no, nos pasa que los alcaldes estamos hasta obligados a sostener negocios que lo único que provocan es daño al entorno.

Y te lo digo por tres ejemplos que vi: El Teletrak, una notaría que es completamente un asco y las condiciones de atención son impresentables, y unas botillerías. No tengo facultades. Las únicas facultades son con la Ley de Alcoholes, pero el resto de las comunas no, y aunque sepamos que hay negocios que son evidentemente truchos o que le hacen mal a la comunidad.

Yo creo que es una conversación legislativa más que de la Contraloría. —¿Cuál es su opinión del proyecto Music Hall Ñuñoa? ¿Tiene una visión positiva de un nuevo espacio o le preocupan ciertas externalidades que pueden tener?

Respecto al flujo en la comuna, por ejemplo. Partamos de lo bueno. Es una gran noticia que en Ñuñoa haya gente interesada en traer inversiones de este volumen.

Yo hace mucho tiempo no tenía inversiones de gran volumen, no había señales de que gente se quisiera venir a instalar… Al revés, desde el estallido social se habían caído las patentes, había caído todo lo que fuera inversión en la comuna (…) Se está activando la economía local y están llegando importantes negocios a la comuna que antes no la miraban como foco. Primero, buena noticia que un inversionista grande quiera hacer acá un centro de eventos de calidad para el país. Lo otro lo dejo en el proceso en que está.

Aquí yo soy regulador, ellos presentaron un plan y tienen que presentar el permiso de edificación; lo vamos a evaluar en su mérito. Tienen que cumplir las normas urbanísticas, tienen que tener los estándares que le solicitamos, pero nos vamos a pronunciar una vez que ingresen el proyecto. Por ahora sabemos lo que ha salido en los medios y que se presentó un preproyecto, pero no había llegado el proyecto definitivo; con ese nos pronunciaremos respecto al proyecto mismo porque hasta ahora no ha llegado a esa fase.

—Germán Codina, actual delegado presidencial de la RM, también fue alcalde. ¿Cómo ha sido su relación? ¿Han encontrado ahí un interlocutor que ha estado preocupado por las comunas?

¿Cómo es la relación? Muy buena. Esta semana nos hemos juntado tres veces con él (…) lo que cambia completamente la relación que teníamos antes y, además, en tres temas que son centrales: Seguridad municipal, Estadio Nacional e inversión en infraestructura.

Ha sido muy buena; creo que la experiencia de ser alcalde de él nos va a servir mucho a los que somos alcaldes para que entienda lo que es el problema que vivimos y queremos pasar de esta etapa de las reuniones a las soluciones. —Ya que menciona el Estadio Nacional, se anunció el retorno del público visitante en partidos clase A. El primero bajo esa modalidad será el clásico entre Universidad de Chile y Colo Colo a fines de agosto en Ñuñoa.

¿Cuál es su postura al respecto? ¿Prevé problemas en la seguridad comunal? Yo lo dejo en puntos suspensivos y lo digo así de concreto, porque me gustaría saber qué medidas de seguridad se van a tomar por esto.

Yo vi el anuncio, lo hablé con el delegado presidencial y le dije: Esto es con un gran pero. Sin biometría, sin compromiso de los clubes de la administración y sin un plan racional de cierre de calles, no vamos a estar de acuerdo. Por lo tanto, yo diría al revés: es una buena noticia en la medida en que se tomen medidas que permitan que esto sea viable, y estamos esperando ver cuáles son.

Yo pongo tres sobre la mesa, sin las cuales me voy a oponer diametralmente: Sin biometría, no; si aquí la apuesta es que para que juegue la U y el Colo se cierran todas las calles alrededor del estadio, voy a decir que no; y sin un plan de seguridad efectivo dentro del estadio y con el comercio ambulante exterior, no. Por lo tanto, es un punto suspensivo hasta que no sepamos bien cuál va a ser el plan de implementación de una medida así. Ya tenemos algunos problemas cuando juega un equipo sin hinchas visitantes, pero por lo menos los últimos partidos que ha jugado Universidad de Chile han sido super tranquilos.

No quiero poner en riesgo la comuna por una decisión que puede favorecer a los clubes o el espectáculo que pasa dentro del estadio, porque a mí lo que me preocupa es lo que pasa afuera del estadio. —A su juicio, ¿son muy extensos los cierres perimetrales? Es una brutalidad.

En el caso de Bad Bunny, yo me peleé públicamente con una productora porque se habían cerrado seis o siete cuadras a la redonda. Había gente que estaba de cumpleaños y que no podía invitar a su mamá a su casa. Eso es una falta de respeto con el vecino de Ñuñoa, es una forma de ver el estadio como si fuera un recinto privado que puede tomarse la calle (…) También le quiero hacer un pedido a Carabineros.

Cada vez que hay un evento masivo, se nombra un distinto encargado de zona para el estadio. Entonces, es para volvernos locos porque yo no sé quién es el próximo y cambian los criterios… Y es Carabineros quien decide cuándo y cómo se cierra una calle en caso de emergencia y no tenemos una contraparte encargada del estadio. Lo que más ruego a Carabineros es que deje de ir rotando los encargados del evento, porque eso nos permite tener una mejor coordinación y evitar lo que pasa, que es que todos llegan con un criterio nuevo.

—Hay una situación en el contexto de eventos masivos. Cuando hay bengalas o uso de pirotecnia en el fútbol, generalmente hay sanciones, aunque son hechos que también se repiten en conciertos, pero ahí no hay castigos. ¿Se evalúa con la misma vara?

Mi postura inicial siempre es no a la pirotecnia en el Estadio Nacional, particularmente en días de semana. Cuando ha habido pirotecnia autorizada por el Instituto Nacional del Deporte, en general en los eventos pasa otra cosa que es pirotecnia regulada; tiene horario de funcionamiento y sabemos de qué hora empieza y a qué hora termina. Sabemos que está certificada y por eso no tiene las sanciones.

Lo que nos pasa con el fútbol es que hay pirotecnia no autorizada y ponen en riesgo a los que están adentro, a los que están afuera; es entrada ilegalmente y es básicamente comercio negro de fuegos artificiales no autorizados. Es mucho más peligroso y por eso somos tan duros en esos casos. Si la regla general es no, pueden haber excepciones si viene Dua Lipa o hay un show regulado.

Lo que nos pasa con el fútbol es que esto literalmente es la ley de la selva: entran barristas con fuegos artificiales que no cumplen ninguna norma, que no sabemos si van a afectar a la población, que estallan en cualquier minuto. Y además, lo que nos pasa con los fuegos artificiales es que cuando son partidos de Copa Libertadores o de copas internacionales, son en día de semana, lo que altera toda la convivencia de la comuna. No tenemos manga ancha ni manga larga con ninguno.

A todos los castigamos, pero la diferencia es que con los partidos de fútbol nos ha pasado que son no autorizados, lo que es mucho más riesgoso para la población. —Claro, pero se lo pregunto específicamente por los asistentes a conciertos. Se ha visto recientemente que han encendido bengalas más allá de la pirotecnia autorizada.

¿Se mide con una vara diferente? Debería ser igualmente sancionado. Lo que me pasa a mí es que yo no tengo facultades adentro del recinto.

Yo puedo sancionar por los ruidos desde afuera (…) pero de todas formas, en mi caso sanciono todo. De hecho, al último evento masivo que hubo lo sancionamos con cuatro multas por ruidos molestos. Lo que tratamos de diferenciar es el impacto de lo que provoca la comuna cuando son autorizados, cuando son ilegales y generan ruido; yo puedo sancionar por el ruido que provoca.

Amenazas de muerte y formas de hacer política —Su par de San Bernardo denunció nuevas amenazas de muerte. ¿Cómo cree que se debería contrarrestar esta problemática? ¿Debería ser una discusión legislativa?

Sí, mira, te voy a contar algo que me pasó esta semana. Yo estoy peleando por tres plazas que están tomadas por curados y lo digo así abiertamente. De hecho, en una me bajé a sacarlos y lo primero que me impacta es, en general, el poco respeto que se tiene a la autoridad, sea Carabineros o seguridad municipal, porque llegamos ahí y ni se paran.

Tengo que decirles que se vayan y, cuando se fue uno de ellos, me gritó: “Voy a ir a buscar un fierro pa’ pegarte un tunazo”, y te gritan así amenazando, que no le doy ninguna credibilidad real, pero pasa que las sanciones para la ofensa o amenaza a autoridades son muy bajas y en general se han ido transformando en un hábito desde el estallido social. Me pasó también con protestas frente a un colegio, que le gritaban ofensas de grueso calibre a Carabineros, tratándolos con garabatos. Entonces, creo que hay que darle una vuelta legislativa porque cuando se le pierde el respeto a la autoridad, lo que se está perdiendo el respeto no es a la persona, sino al Estado de Derecho, al cumplimiento de la ley, a la mantención del orden (…) Tiene que aumentar las sanciones a la ofensa, no al debate, sino a la amenaza o a la ofensa real de agredir a una autoridad, sea la que sea, porque de lo contrario no vamos a poder controlar esto.

Cuando se le pierde el temor a la autoridad, lo que te pasa al final es que la violencia campea porque se acaba el Estado de Derecho. —¿Cree que hay responsabilidades políticas en este cambio que asegura es desde el estallido social? Se lo pregunto por la misma forma de hacer política muchas veces.

Completamente. Hay dos tipos de responsabilidades. Yo lo dije en su minuto cuando era candidato presidencial; yo me acuerdo cuando veía al expresidente Boric —en ese minuto diputado— gritándole a un militar.

A mí me marcó y lo digo yo, siendo opositor a la dictadura y que en su minuto tenía rabia con los militares y carabineros, en los 80 y los 90, pero no me habría atrevido a gritarle a alguien así. Y de ahí en adelante, la frivolidad, el trato en la política, la ofensa permanente… Me pasa hasta en mi concejo municipal a veces. Esta cosa de adjetivizar la relación, tratar al otro de desagradable, de mentiroso, a la política le ha hecho muy mal porque si no nos respetamos entre nosotros, damos una mala señal a los ciudadanos en general y creo que desde el estallido social ese estándar cambió en Chile y hay que aprender a subirlo de nuevo.

Uno puede debatir; yo debato mucho en política, pero jamás termino diciéndole a alguien adjetivos personales, calificándolo en lo humano (…) Creo que no tiene que ver con el respeto entre las personas, tiene que ver con la señal de que nosotros representamos el Estado de Derecho y la necesidad del orden; si somos los desordenados o somos los frívolos, poco respeto nos van a tener al final. —¿Y usted ha sido amenazado de muerte? Estos griteríos, más allá de eso, no.

En general, uno siempre está preocupado, pero lo tomo como la pérdida de respeto, como el tono de alguien borracho en una plaza. Todavía no he tenido amenazas como en serio de operativos, pero sí me preocupa que esto parezca normal. No me siento amenazado para nada y no voy a dejar de hacer lo que tengo que hacer (…) Pero sí creo que tiene que haber un sistema que le dé más respaldo a la autoridad para poder recuperar el orden público porque, de lo contrario, ganan los delincuentes y no la policía, gana el que se toma el colegio, no el que quiere estudiar, gana el que altera las reglas y no el que las respeta.

Nuestro gran desafío es volver a darle autoridad al profesor, al carabinero, a la autoridad política y no que sea el que más grita el que se toma la agenda, sino el que más necesita. Yo creo que es una pega bien importante de quienes estamos en política hoy día.