Un acierto indiscutible del plan de reconstrucción es su énfasis en el empleo, por lo que eliminar la franquicia Sence, el principal instrumento de que dispone el Estado para capacitar a los trabajadores, suena contradictorio. La razón, su alto costo, poco impacto y muchas veces uso poco óptimo, una realidad a corregir. Suena también contradictorio desde el punto de vista estratégico aspirar a duplicar el crecimiento potencial sin incorporar inteligencia artificial en la transformación de las capacidades productivas.
Y es aquí donde el Sence +IA entra en la ecuación. En Estados Unidos, un estudio con más de 5. 000 trabajadores de atención al cliente —realizado por Stanford y el National Bureau of Economic Research— mostró que el uso de IA para responder consultas básicas, resumir información y sugerir soluciones, aumentó la productividad en torno a un 15%, con mejoras de un 34% en trabajadores menos experimentados, derribando el mito de que la transformación digital solo aporta a quienes tienen trabajos más sofisticados.
“Desde el punto de vista estratégico es contradictorio aspirar a duplicar el crecimiento potencial sin incorporar IA en la transformación de las capacidades productivas”. En centros de distribución y supermercados, sistemas de preparación de pedidos asistidos por IA han aumentado la productividad hasta en un 70% en unidades procesadas por hora. Además, experiencias concretas en operaciones logísticas muestran aumentos cercanos al 50% en eficiencia y reducciones drásticas en el tiempo de entrenamiento de las personas.
Sin embargo, existen impactos negativos evidentes: la tecnología sí reemplaza puestos de trabajo. Un golpeador reportaje en El País da cuenta de que la IA está afectando de manera estructural entre un 18% y un 22% de los empleos en España, transformando tareas y reduciendo oportunidades en ocupaciones menos calificadas. Otros estudios muestran caídas de empleo en sectores tecnológicos vinculados a la automatización y aumento de costos de contratación.
Pero también se ha estudiado que, si bien las tareas rutinarias desaparecen, aumenta la demanda por habilidades de supervisión, colaboración con tecnología y toma de decisiones en todos los niveles. En Chile no sobra ningún trabajador ni trabajadora; faltan personas mejor calificadas y más productivas. Aquí está el punto central sobre el Sence.
Privilegiamos la cantidad de horas y cursos por sobre el impacto real. Hoy, con IA podemos corregir ese problema: capacitar mientras se trabaja (o se está buscando empleo), acompañar y personalizar el aprendizaje y medir resultados en productividad, empleabilidad y salarios. La medición podemos también encargarla a la IA, de manera que se otorgue la franquicia a quienes optan por entregar capacitación útil a sus trabajadores.
Eliminar la franquicia es un error técnico y una señal equivocada. Porque en la economía que viene, Chile no marcará la diferencia por tener más tecnología, sino por tener más personas capaces de usarla.