Eso, como si el gobierno de Kast fuera un paradigma al respecto. Hay sectores de oposición que han preferido concentrar su atención en las paparruchadas de la Ministra de Seguridad; o el cantinfleo permanente de la vocera; o preferido las visiones “técnicas” del CFA a las “tincadas” de Quiroz como si aquel fuera un arquetipo de pureza científica. Algo parecido a los inicios de Piñera I cuando muchos concentraron su atención en la denuncia de los conflictos de interés y la “letra chica” de los proyectos de ley que enviaba al Congreso y no en su contenido abiertamente conservador y antipopular.
Entonces, fue la movilización la que colocó a la oposición en el lugar que le correspondía e imposibilitó la reedición de la democracia de los acuerdos y logró gratuidad de la educación, desmunicipalización del sistema escolar y fin del sistema binominal. La que el 18 de octubre obligó al poder a reconocer la legitimidad y posibilidad del cambio constitucional. La negación del consenso imposible por el fundamentalismo de Quiroz, Mas, Rau y cía.
y que hasta ahora lo había salvado de terminar en el tarro de la basura de la historia. Esa es el trance por el que atraviesa el país y la pregunta de la que debe hacerse cargo la oposición para, efectivamente, resolver la incertidumbre que lo atraviesa y que lo arrastra inexorablemente al precipicio.