Señor Director: En relación con la carta del Secretario ejecutivo de la CNA sobre las Pedagogías. Atendiendo a la necesidad de subir la nota y presentar un 4,4 en una escala de 1 a 7 como un “avance” en la acreditación de programas de pedagogía resulta discutible. En el símil escolar, donde la nota mínima de aprobación es 4, un 4,4 representa apenas un desempeño suficiente, con debilidades evidentes.

No corresponde a un estándar robusto de calidad ni a un progreso sustantivo, sino al cumplimiento marginal de los criterios exigidos. Interpretarlo como avance puede instalar una lectura complaciente del sistema y desplazar la necesaria autocrítica sobre el estado real de la formación docente. Esta lectura resulta más problemática si se consideran los reales esfuerzos que han realizado las universidades para fortalecer la calidad en pedagogía: rediseños curriculares por resultados de aprendizaje, fortalecimiento de prácticas progresivas, desarrollo del cuerpo académico y sistemas de monitoreo del perfil de egreso.

Cuando estos avances no se reflejan en los resultados de acreditación, también corresponde revisar los marcos evaluativos. Asimismo, persiste un sesgo hacia la presencialidad, que tiende a evaluar programas online o blended bajo parámetros tradicionales. La evidencia del movimiento “No Significant Difference” muestra que la modalidad no determina la calidad.

Por ello, un 4,4 no debiera considerarse un avance, sino una señal de alerta y una invitación a revisar críticamente el sistema.