Radicado actualmente en la comuna de Zapallar, su trabajo encierra una inestabilidad latente bajo superficies que dialogan con la estética ornamental, el barroco latinoamericano y la iconografía tradicional peruana. Su retiro a la naturaleza ha empujado un proceso de autotransformación en su obra, introduciendo la arcilla y el fuego como elementos que materializan una relación directa con la tierra y la transformación irreversible. Precisamente dicho trabajo, “responde a un tiempo de introspección, donde el taller pasa a ser una obsesión que fluctúa entre el arrebato y un vacío feroz”, señala Bustamente.
Presentación Soledad Urzúa Edwards (1974) y Francisco Bustamante Gubbins (1972) integran la primera generación de artistas formados en la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Finis Terrae, a su vez, la primera escuela de arte privada del país. Este hecho, que hoy puede parecer sólo un dato, reviste especial importancia, puesto que la escuela fundada en marzo de 1993, rompió con los paradigmas imperantes hasta entonces e introdujo nuevas miradas en la formación y práctica del arte. Desde lo conceptual hasta lo formal, los nuevos artistas trabajaron de manera desprejuiciada y ampliaron sus registros más allá del territorio nacional, asumiendo un arte libre, cuyo sello principal es la propia identidad.
Luego de tres décadas de egresados, ambos artistas mantienen un fuerte vínculo. Cada uno construyó su carrera y definió una trayectoria y, aunque sus obras son formalmente muy diferentes, tienen una vertiente común. Ambos trabajan en talleres al interior de sus casas.
Es decir, intimidad, cotidianeidad e historia personal se cuelan en sus obras. Por eso resultan propuestas tan particulares, alejadas de modas o discursos contingentes. También por eso, son radicalmente opuestas.
Urzúa vive/trabaja en una casa que parece la extensión de su jardín: Muros entelados cubiertos de arte y espacios abigarrados con objetos de culturas lejanas se organizan como si fueran plantas. Es decir, de manera orgánica, buscando la luz hasta encontrar su sitio. Para acceder a su taller se pasa por su dormitorio, lo que da cuenta del grado de intimidad que transfiere a su trabajo.
Una vez dentro, otro universo se despliega ante los ojos del afortunado espectador; como un Gabinete de Curiosidades del siglo XIX, cajas perfectamente ordenadas albergan piedras, plumas, huesos y cientos de abalorios recolectados a lo largo y ancho del mundo. Por otro lado, y en abierta manifestación de su amor por lo primitivo, cuelgan las hojas de maíz -delicadamente tratadas- las mismas que más tarde constituirán la base molecular de su apasionante obra. Un micromundo femenino en un cuarto propio, tal como alguna vez lo pregonó Virginia Wolf.
La casa/taller de Bustamante mira al mar y se emplaza en la cima de un amplio terreno al que se accede por un jardín cuidadosamente diseñado. No se trata de una casa cualquiera, no hay muros de hormigón o techos asfaltados, sino una larga nave metálica de techo curvo y cubierta quirúrgica que se posa de manera rotunda en el secano costero. Se ingresa justo por el centro, donde la cubierta de metal fue reemplazada por vidrio para que la luz natural inunde un jardín interior.
A la izquierda el taller, a la derecha la casa y tanto en uno como en otro espacio, todo está perfectamente dispuesto y organizado, sin lugar para la improvisación o el desorden. No hay manchas de pintura, ni restos de pasta, e incluso los gigantescos hornos en que cuece sus portentosos volúmenes permanecen limpios. Sin embargo -más allá de las obras cuidadosamente repartidas en ambos espacios- al entrar en ellos se percibe la sensibilidad de quien los habita.
La mirada refinada y culta de quien nació en territorio Inca y se desplazó por el mundo para finalmente establecerse en su paraíso propio con vista al Pacífico. Un Julius moderno que aún busca de la belleza. La presente muestra integra la obra de ambos artistas; pintura, técnica mixta y porcelana en el caso de Soledad, y cerámica, pintura y escultura en el caso de Francisco.
Bajo el sugestivo título de Temporal (ambos investigan, experimentan y mutan en su propuesta), el montaje propone un recorrido por sus últimas creaciones y finaliza con la recreación de los espacios en que cada uno habita y trabaja. Así el espectador se introduce en el mundo de cada uno y percibe la naturaleza y génesis de lo expuesto. Coordenadas Exposición: Técnica: Pintura, técnica mixta y porcelana Artistas: Soledad Urzúa y Francisco Bustamante.
Lugar: Centro Cultural de Las Condes (Nuestra señora del Rosario #30, Las Condes). Fecha: Desde el 6 de junio al 26 de julio.