Tierras raras, a pesar de su denominación, las hay en muchos lugares del mundo. Pero no todas son iguales ni sirven para lo mismo. Si bien son relativamente fáciles de encontrar, la mayor parte son difíciles de extraer y de procesar en forma pura, y en eso estriba principalmente la mayor dificultad para explotarlas.

Se trata de 17 elementos químicos que son esenciales para fabricar artículos y equipos de alta tecnología como smartphones y electromovilidad; generación de energías limpias, armamentos, imanes de alto poder y revestimientos para elevadas temperaturas, por ejemplo, en aviación militar y exploración espacial, entre otros. Conocidos también como REE (del inglés Rare Earth Elements, Elementos de Tierras Raras) la coyuntura geopolítica de los últimos años ha incentivado su posesión y posibilidades de uso, lo que ha sido fuente de tensiones básicamente entre Estados Unidos y China, el principal productor mundial de estos materiales y que en 2010 impuso fuertes restricciones a su exportación y acceso a las tecnologías de explotación, causando inquietud e incertidumbre entre los usuarios estadounidenses y europeos de esos productos. Las mayores reservas mundiales conocidas se encuentran en China (34%), seguida de Vietnam, Brasil, Rusia e India.

Sin embargo, la producción y oferta de estas REE todavía se concentra mayoritariamente en China, país que ha visto reducida su participación del 90% que ostentaba en 2010 a poco más del 70% actual -mayormente destinada a consumo interno-, dada la explotación que se está ampliando en otros lugares. En Chile la existencia probada de REE se halla en la Región del Bío Bío, cuyas reservas si bien no han sido aún cubicadas totalmente, han despertado interés en inversionistas internacionales. Esa expectativa reside principalmente en dos factores; el primero es su mayor facilidad de explotación y menor daño al medio ambiente comparado con China, donde la extracción y separación requieren de grandes desarrollos mineros y fuerte deterioro de los ecosistemas.

En el Módulo Penco, como ha sido denominado el sector explotable en el sur de Chile, las REE se encuentran en arcillas, por lo que su extracción, si bien implica niveles de afectación al medio ambiente, permite acciones de mitigación que reducirían notablemente la degradación ambiental. El segundo factor que destaca en el Módulo Penco es que allí se encuentran aquellos elementos denominados “pesados”, esto es, los más requeridos por la nanotecnología, y que sólo era posible hallarlos en China, lo que abre posibilidades de un atractivo mercado. Hasta ahora el estudio de las tierras raras presentes en Chile, así como el análisis de su eventual proyección como proveedor internacional, ha estado centrado en universidades y centros científicos que, apoyados por CORFO y SERNAGEOMIN, se han abocado a generar incipientes métodos de extracción de las arcillas y, principalmente, de la compleja separación entre los distintos elementos.

Es el caso de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), en el Laboratorio de Física y Biología hemos trabajado principalmente en el diseño y construcción de un prototipo funcional de separador de REE ya en etapa de patentamiento, basado ello en la tecnología de la microfluídica. Este sistema, además de implicar claramente menores costos, tendría la particularidad de ser escalable, esto es, de cumplir igual función tanto para un “pirquinero” de tierras raras como para una empresa minera. Chile ha sido siempre un país volcado a la minería, y en las últimas décadas ha diseñado sus propios métodos de extracción y concentración de minerales, siendo ejemplos de ello el cobre y el litio.

No hay razón entonces para que con las REE no podamos hacer lo mismo, antes que recurrir a procesos desarrollados en otros lugares del mundo y adaptados a esas distintas realidades. Nuestro propósito es posicionar a Chile como un actor competitivo en el mercado de REE, impactando positivamente en el PIB del país. Pero ello requiere que todas las instancias gubernamentales y privadas se convenzan de los beneficios que traería este nuevo desafío, y se faciliten los mecanismos para que inversionistas se sumen decididamente a este objetivo.