El carácter de los chilenos se ha forjado de muchas fuentes. De la idiosincrasia de los pueblos originarios y el aporte cultural de las diversas inmigraciones. De las pampas salitreras, en las faenas del petróleo y en las minas de hierro y cobre.
El aporte de la agricultura asociada a las tradiciones campesinas y nuevos trabajadores que impulsan las cadenas logísticas con frutas y hortalizas que abastecen la mesa nacional y la de muchos otros países. Faenas que en muchos lugares conviven con vastas extensiones forestales y plantas de celulosa. En la cadena que, de sur a norte, protagonizan cientos de caletas y pueblos pescadores que, interrumpidos por ciudades portuarias y centros acuícolas, nos caracterizan como un pueblo con una notable vocación marítima.
En efecto, su geografía económica y sus expresiones culturales desde siempre se han vinculado y basado en los recursos naturales, capacidades humanas y productivas –trabajadores, técnicos, profesionales y directivos- que han transformado a Chile en potencia mundial en minería, energía, acuicultura, forestal, celulosa, agrícola, entre otras. Lee también... Anuncios de ajuste en ciencia: una señal preocupante para el desarrollo regional Miércoles 25 Marzo, 2026 | 16:39 A esas bases naturales y humanas se les ha sumado educación y conocimiento.
Han sido las universidades regionales las que principalmente han formado a las mujeres y hombres que han protagonizado el desarrollo productivo a lo largo de Chile. También han aportado investigaciones y conocimientos sobre los recursos naturales, mejoramiento tecnológico de las faenas productivas, procurando la conciliación con el medio ambiente y cautelar el bienestar de las comunidades del entorno. Chile sin duda reúne muchas condiciones para alcanzar mayores niveles de desarrollo y bienestar de sus habitantes.
Pero, hay dos factores que dificultan este avance. Uno es la fuerte brecha de ingresos entre personas y familias, una de las más agudas comparadas con los países de la OCDE, entidad que nos sirve de referencia para orientar nuestras políticas públicas. Se suma el extraordinario centralismo político administrativo y, como consecuencia, desiguales niveles de desarrollo entre las regiones y las posibilidades de realización personal, las que dependen fuertemente del lugar donde se nace y vive.
Chile no sólo puede más, sino que anhela mucho más para revertir este panorama, pero ello sólo puede lograrse con más educación. Se requiere apoyar el quehacer universitario fuera de la capital, procurando que, por ejemplo, los aranceles den cuenta de los costos reales de vivir en regiones y compensen los esfuerzos por superar las brechas de escolaridad, la menor matrícula por carreras y aula, y el esfuerzo de atraer y retener talentos. Junto a ello, se requiere una política de estado para una efectiva descentralización de las capacidades científicas, considerando que cada región contiene uno o más laboratorios naturales con enormes potenciales productivos, con realidades sociales y culturales específicas.
En consecuencia, los recursos públicos y privados debieran priorizar la creación de efectivas capacidades científicas en cada territorio, haciendo que las políticas regionales de ciencia, tecnología e innovación pasen de la propuesta a la materialización concreta. Junto con un efectivo apoyo a la formación de técnicos y profesionales en regiones, la creación de comunidades científicas robustas, se requiere también valorar la cultura, arte y patrimonio que nos proveen de identidad local y son tributarias del alma de Chile. Las universidades regionales tienen en cada territorio fuertes articulaciones con GORE y municipios.
Sin embargo, tales alianzas no alcanzan todo su potencial, pues en muchos casos –ejecución de programas y proyectos- dependen de decisiones administrativas y presupuestarias del nivel central. Lee también... Compromiso de las universidades regionales con el agua y la vida Martes 24 Marzo, 2026 | 09:50 Así, el fortalecimiento de las universidades debe ir acompañado de mayores recursos y capacidades operativas de los GORE y municipios que, por contar con la legitimidad de sus comunidades, deben ser los principales agentes de desarrollo de sus propios territorios.
A solo días de que se conmemorara el Día de las Regiones, es oportuno valorar avances, pero también, reconocer lo que nos falta en descentralización, valorando además a quienes, en cada rincón, día a día se esmeran por hacer de Chile un país más justo, inclusivo y bueno para todas sus comunidades y territorios.