En otras palabras, la frontera puede estar más dura, pero la región sigue enfrentando un desafío abierto. El ingreso irregular puede haberse vuelto más difícil, pero la regularización incompleta, la permanencia precaria y la concentración de vulnerabilidad en zonas urbanas muestran que el problema no terminó: solo cambió de lugar. Esa es hoy la verdadera discusión en Tarapacá.