Si bien reconoce una mayor presencia policial durante el día, advierte que el problema se desplaza a otros momentos de la jornada: “Carabineros se ha visto más, pero en la noche es cuando entran a robar, es cuando no hay nadie, y no todos los locales tienen cámaras”. Esa vulnerabilidad, dice, no es solo percepción. Tras darse el reciente robo en el edificio cercano, su propio kiosco evidenció señales de un intento de ingreso.

“Al otro día mi kiosco estaba con los cables de arriba rotos, se notaba que intentaron abrirlo”, relata. Para Elba, la cercanía con recintos policiales o judiciales no marca una diferencia sustantiva: “A los delincuentes les da lo mismo eso”, sostiene. Y resume la experiencia cotidiana del rubro en el sector: “A uno le roban igual, tiene que estar prácticamente afuera para que no te saquen cosas”.