Introducción Según adelantamos en el artículo anterior de esta serie, el cual estuvo consagrado a dar cuenta del contexto histórico reciente en el que se inserta la guerra de agresión estadounidense-iraelí contra Irán, en esta segunda entrega adoptaremos una perspectiva sincrónica, poniendo el acento en “radiografiar” los procesos geopolíticos actuales. Es decir, expondremos un análisis -muy general, por cierto- de las fuerzas globales que hoy en día configuran el marco geopolítico del fenómeno en curso. Vale recordar que esta guerra, pese a que en un inicio parece limitada a sus actores regionales directos, involucra de manera inmediata a toda la región de Asia Occidental y el Golfo Pérsico.

A la vez, también genera repercusiones económicas, políticas, sociales y hasta simbólico-culturales a lo largo de todo el mundo. Ello se explica a causa de los intereses imperialistas de Occidente -en particular de Israel y EEUU– que animan el conflicto, justamente, en una época histórica que, como nunca antes, reconoce en la crisis del capitalismo y sus distintas derivas (neoliberales, autoritarias y neofascistas) el denominador común extendido a escala planetaria. Tal crisis posee un carácter agonal e implosivo (terminal al tiempo que persistente) y, por lo mismo, empuja al sistema capitalista tanto a su agotamiento como a su exacerbación destructiva.

Este proceso epocal de raíz imperial-capitalista, no obstante, a nivel experiencial (fenoménico) se expresa de forma anárquica, esto es, dando curso a una violencia caótica y un militarismo autonomizado, carente de centro distributivo o instancia internacional mediadora (como en algún momento aspiró a serlo el Derecho Internacional o el sistema de Naciones Unidas). En efecto, se trata de una anarquía internacional que, justamente, desnuda a la hegemonía como puro poder y, al no contar con una institucionalidad capaz de regular la voluntad de cada superpotencia en ejercicio, entrega el mundo (y con ello no sólo las relaciones internacionales, sino también nacionales, sociales y humanas) a un cada vez más creciente paradigma de violencia neofascista. Así, la guerra contra Irán queda dibujada como un capítulo central al interior de un plano general de tensiones con múltiples actores.

En efecto, como señala Firoz Osman, la guerra “se despliega simultáneamente en múltiples frentes del mundo musulmán ampliado –Palestina, Líbano, Siria, Sudán y, ahora, Irán-. ” En ese sentido, “no son confrontaciones aisladas, sino teatros interconectados dentro de una lucha geopolítica más amplia por el poder, los recursos y la hegemonía ideológica. ” (Osman, F.

2026) He ahí donde se explica, al mismo tiempo que la relevancia crucial de esta guerra, su complejidad. Y, por consiguiente, la necesidad de atender comprensivamente a ella. Por otra parte, debemos mencionar una salvedad.

Pese a no poder ser abordado profundamente desde la perspectiva del análisis geopolítico, dentro de tal juego de fuerzas estatales y paraestatales habría que incluir un tercer lugar de carácter “micropolítico”: el de los pueblos en resistencia y afirmativa defensa de sus formas de vida, vinculadas a la cultura, a la tierra y al respeto por sus muertos (mártires) en diálogo con los vivos. Vale decir que tal dimensión “micropolítica”, aunque suele encontrarse desconectada del ámbito geopolítico, siempre debe mantenerse a la vista; esto en virtud de una emancipación popular capaz de incorporar transformaciones vitales más allá de los espacios estatales y del modelo de producción capitalista global. Por desgracia, en esta ocasión no podremos ahondar en las relaciones de articulación/desarticulación/inconmensurabilidad que existen entre tales dimensiones.

1. Cartografía: cuatro puntos claves. Según lo ha expuesto Rodrigo Karmy (2026), el principal motivo que impulsa esta guerra guarda relación con el genocidio en Gaza y el proceso de limpieza étnica que Israel, y el sistema colonial-sionista en su conjunto, perpetra en Palestina.

Ello por una razón clara y contundente: la hegemonía absoluta que busca imponer Israel en la región, con el fin de constituirse, bajo auspicio de Occidente y en particular de EEUU, en la única superpotencia de Asia Occidental y Asia Central. Adicionalmente, esta ambición se condice con un ideal radical del sionismo religioso: la progresiva consolidación de aquel proyecto colonial y expansionista llamado Eretz Israel, el Gran Israel, cuyas fronteras geográficas comprendería desde el río Éufrates hasta el Nilo, abarcando porciones de territorio que actualmente pertenecen a Líbano, Siria, Egipto, Jordania, Irak e, incluso, Arabia Saudita. La contracara geopolítica opuesta a dichas ambiciones se anuda en Irán, en cuanto cabeza del -así llamado- “Eje de la resistencia”, integrado además por Hezbollah en Líbano, Ansarolah en Yemen, la resistencia palestina, milicias iraquíes y algunos grupos insurgentes en Siria.

Se trata de una fuerza regional, principalmente orientada a la defensa de la soberanía nacional y de la amplitud de la cultura islámica, entendida en sentido amplio, diverso e inclusivo. Ahora bien, a partir de los apuntes de Bassan Haddad (2026), podríamos decir que existen al menos cuatro elementos de análisis principales a la base de esta guerra. Estos poseen un carácter específico, pero hallan su núcleo común en el -ya mencionado- proyecto hegemónico israelí, en cuanto programa cuyo objetivo apunta a convertir a la entidad sionista en la única superpotencia regional.

1. 1 Situación interna de Irán. Primer elemento, la situación política interna de Irán.

Como se sabe (tal cual profundizamos en el artículo anterior), los sucesivos gobiernos de la República Islámica de Irán, fundada en 1979 tras una revolución popular-clerical que derrocó a la brutal dictadura del Sha Pahlevi, fiel aliado a Occidente, han devenido en un régimen cada vez más autoritario contra las disidencias políticas y las diversidades de género, así como en aumento de casos de fenómenos de corrupción, principalmente en torno al ejército de la Guardia Revolucionaria. A esta situación de inestabilidad interna, se suman las criminales sanciones económicas orquestadas por EEUU, destinadas a limitar la comercialización de petróleo, de gas y al congelamiento de activos en bancos y sistemas de transferencia internacionales. En efecto, dichas sanciones han mermado la capacidad de consumo de la ciudadanía en el diario vivir del país persa, erosionando la calidad de vida persa y consiguiendo parte del objetivo desestabilizador pretendido por EEUU e Israel; mas no su objetivo final: el derrocamiento del régimen islámico.

Durante la última década, tales factores han intensificado y masificado el descontento popular hasta engendrar -en parte bajo la manipulación de agentes infiltrados sionistas y el suministro de armas estadounidenses a sectores de manifestantes- potentes rebeliones, las cuales resultaron reprimidas despiadadamente por parte de las fuerzas estatales iraníes. Tales rebeliones exigían un cambio de régimen, cuya singularidad, sin embargo, también se encontraba abierta a recoger buena parte de los avances culturales, educativos, y en menor medida políticos aportados por la República Islámica, y reconocidos internacionalmente, en comparación con la brutal, enajenante y pro-occidental dictadura monárquica del Sha. Fue a comienzos de este año 2026 donde tales rebeliones encontraron su clímax.

En este escenario, EEUU e Israel -actores estatales que conforman la cabeza del sistema sionista- diseñaron su estrategia intervencionista apostando a fuerzas de sublevación internas de Irán. Esperaban que, gracias a las labores de espionaje del Mossad y al apoyo logístico, armamentístico y económico brindado por ONG estadounidenses, la ciudadanía fuera capaz de derrocar al régimen de los Ayatollah. No obstante, nada de esto sucedió.

Y decidieron recurrir a la guerra. Una vez que las fuerzas aéreas estadounidense e israelí iniciaran la agresión, y más aún luego que ejecutaran los criminales bombardeos contra una escuela en Minab, al sur de Irán, asesinando a más de 180 niñas de entre siete y 13 años, el pueblo iraní, en lugar de atentar contra el régimen, se plegó a éste en aras del espíritu nacionalista persa. Incluso tras resultar asesinado el Ayatollah Jamenei, el pueblo iraní mostró mayor cohesión, saliendo por millones a las calles de Teherán y a las ciudades principales del país para manifestar unidad, valentía y compromiso en la defensa de su soberanía nacional contra la agresión imperialista.

Esta fuerza ideológica, cultural y simbólica, impulsada por una inquebrantable moral y espíritu nacionalista en sentido amplio, proveniente tanto desde sectores laicos como islámicos y pasando por las diversas etnias que componen la nación, ha sido determinante a la hora de plantear contrapeso a las ventajas tecnológicas de la agresión estadounidense-israelí. 1. 2 Situación regional.

El segundo punto considerado por Haddad guarda relación con el campo de batalla a nivel regional. En efecto, a nuestro modo de ver, el plano regional resulta susceptible de ser analizado a partir de una multiplicidad de focos específicos, todos unidos bajo la pretensión expansionista del sionismo y de la fuerza imperial estadounidense. En ese sentido, es necesario mencionar que desde la invasión a Afganistán en 2001 y a Irak en 2003, los estrepitosos fracasos estadounidenses han buscado ser compensados por la Casa Blanca a través de la multiplicación de bases militares.

Estas bases militares, propagadas por buena parte de los países del Golfo, entre las cuales destacan las de Qatar (de la V Flota), Arabia Saudí, Bahrein y Emiratos Árabes, fueron atacadas casi hasta la destrucción total por Irán. Ateniéndonos exclusivamente a este acontecimiento podemos hacernos una idea del giro que se está estructurando, en contraposición a los intereses estadounidenses e israelíes, a escala de la hegemonía regional. Irán, entonces, ha ejercido un poder disuasivo sobre las monarquías árabes, exhibiendo que su traicionero acercamiento al imperialismo estadounidense, así como los procesos de normalización de relaciones diplomáticas entre tales monarquías e Israel (los Acuerdos de Abraham), más que un punto a favor de su seguridad nacional, revela lo contrario: una fuente de riesgo bélico a nivel exterior (eventuales ataques de Irán) y de malestar y hasta de sublevaciones populares internas (en contra de las mal vistas incursiones imperialistas occidentales y sionistas).

Esta dinámica, además de haberse intensificado a escala mundial durante la primera década de este siglo bajo la lógica de un creciente el “estado de excepción generalizado” con respecto al Derecho Internacional en nombre de la denominada “lucha contra el terrorismo” emprendida por EEUU, manifiesta un nuevo proceso de intensificación a partir de los procesos de revueltas populares que recorrieron el mundo árabe el año 2011. Por cierto, a escala regional, la presente época ha de leerse en clave reaccionaria: la arremetida de la aceleración imperial contra los pueblos árabes que buscan su liberación. En definitiva, se trata de un movimiento de restauración, tanto efectiva como preventiva, puesto en marcha por los poderes imperiales y sus aliados monárquicos regionales a favor de la dominación occidental y de la expansión territorial y hegemónica sionista.

Así, los ya mencionados movimientos de resistencia de Hamas en Palestina, de Hezbollah en Líbano, de Ansarolah en Yemen, de las milicias iraquíes y, en menor medida, de grupos insurgentes que subsisten en Siria, deben ser interpretados, justamente, dentro de este contexto. Es decir, conforman un mismo grupo de oposición, con sus respectivas particularidades diferenciales de corte soberanistas, islamistas, étnico-culturales o (geo)políticas, contra la actual exacerbación de la dominación imperial. El campo militar ha de ser comprendido a la luz de lo anterior.

El rol decisivo que hoy representa el bloqueo bilateral sobre el estrecho de Ormuz, la geografía de Irán como un escudo protector frente a cualquier invasión extranjera, la debilidad defensiva israelí con el consecuente pánico que genera la caída del mito acerca de la invulnerabilidad de la “cúpula de hierro” y de los ataques de Hamas el 7 de octubre de 2023, la destrucción de buques y aviones estadounidenses, así como los ataques a civiles ejercidos por Estados Unidos e Israel en Líbano e Irán, los cuales -siguiendo el patrón del genocidio en Gaza- se dirigen contra escuelas, grupos rescatistas y periodistas hasta complejos residenciales y familias completas, son todos elementos que cobran relevancia dentro de una guerra asimétrica y de desgaste. En el volátil plano interno, mientras el tiempo se encuentra a favor de Irán, la presión de la ciudadanía estadounidense en contra de la guerra atormenta a Trump y el fervor destructor de la sociedad de colonos sionistas alienta a Netanyahu a acelerarla. Adicionalmente y tras bambalinas, Rusia y China apoyan indirectamente a Irán suministrando apoyo armamentístico y de municiones (Neutrality Studies, 2026).

Todo este juego de fuerzas constituye un campo regional, pero en expansión transregional, sobre todo si consideramos, desde la contingencia y actualidad, las repercusiones económicas de esta guerra de agresión. A su vez, desde una perspectiva epocal, también se puede advertir su dinámica transregional in crescendo, específicamente al constatar cómo los dispositivos de control tecnocapitalistas y de dominación necropolítica adquieren una cada vez más concreta magnitud planetaria, ya sea de modo rizomático como explícito. En suma, el carácter regional del conflicto tan sólo expresa un momento puntual y limitado, pero al mismo tiempo representa un presagio acerca del colapso capitalista a escala global y su consecuente fase neofascista marcado por la anarquía de la violencia.

1. 3 Sistema energético-financiero mundial. El tercer ingrediente analítico atañe al sistema energético y financiero mundial.

Es bien sabida la relevancia que posee Irán a nivel energético. Si bien la producción de petróleo actual no representa más del 4% mundial, su alta calidad de crudo y las cuantiosas reservas con que cuenta (cerca del 12% del total de reservas comprobadas del planeta) proyectan una industria cuyo desarrollo a largo plazo detenta ventajas comparativas y estratégicas será capaces de competir palmo a palmo con las mayores potencias petroleras del orbe. A esto es necesario agregar sus altas reservas de gas natural, las cuales podrían posicionar a Irán a la altura de Rusia y Catar.

Este factor energético, por consiguiente, constituye una dimensión fundamental del análisis de la guerra de agresión. En efecto, las empresas estadounidenses de petróleo, así como los capitales de inversión de grandes empresas extranjeras (por ejemplo, la saudí Aramco), sumadas a las ambiciones de control sobre el incipiente, pero cada vez más desarrollado, mercado del gas natural, confieren al asunto energético un cariz financiero. Hasta el momento, los hechos constatables han expresado esta vinculación energético-financiera a partir de las sanciones unilaterales (e ilegales) que EEUU impone contra Irán, amenazando a la gran mayoría de empresas occidentales decididas a comercial con Teherán.

En este escenario, el componente energético constituye un elemento clave de la guerra, tanto a nivel de futuro proyecto económico-imperial como del constatable y, a manos de Washington ya tradicional, instrumento ilegal de presión política. Por otra parte, pese que al día de hoy Israel no haya desarrollado una industria petrolera ni se haya abocado a la tarea de exportador de gas, sino, más bien, que continúe siendo energéticamente dependiente de las monarquías árabes, ello no significa la ausencia de interés. Al contrario, uno de los factores geopolíticos que ha acelerado el genocidio palestino en Gaza es, justamente, el reciente hallazgo de grandes yacimientos de gas en la ribera oriente de Mediterráneo, más específicamente, frente a gran parte de las costas gazatíes y, en menor medida, egipcias.

Ello, por cierto, también se transforma en un factor clave, el cual fue reconocido desvergonzadamente (con mapa incluido) por Netanyahu en su exposición ante la Asamblea General de Naciones Unidas hace cuatro años. Así, Israel podría barajar la opción no sólo de ser, como lo es hoy, una escala de tránsito más en el paso de oleoductos y gasoductos provenientes del Golfo con dirección a Europa, sino, también de incursionar en los ámbitos de distribución y producción energética, contando principalmente con el apoyo de capitales e infraestructura estadounidense y de empresas europeas. Dentro de este submarco energético-financiero ha de ser comprendido el actual bloqueo, o doble bloqueo, que EEUU e Irán despliegan en el Estrecho de Ormuz.

Además de constituir el campo de batalla más directo entre ambas fuerzas militares, lo que suceda en el Estrecho contará con implicancias de envergaduras globales, prioritariamente en ámbitos económicos y geopolíticos, tal cual se aprecia, por ejemplo, en el alza de precios del mercado de combustibles y de la reducción del suministro petrolero iraní con destino a China. 1. 4 Redistribución cartográfica.

En línea con lo anterior, el cuarto punto subrayado por Haddad corresponde a la dimensión general del conflicto. En particular a la tensión geopolítica entre grandes potencias de alcance global. En efecto, si bien no profundizaremos en las especificidades que marcan esta dinámica, mencionaremos algunos de sus rasgos en virtud de los análisis efectuados por Rodrigo Karmy (2026) y sus ideas acerca de un nuevo feudalismo global de carácter “anárquico”.

Básicamente se trata de una suerte de neofeudalismo planetario, cuyo leitmotiv viene dado por una suerte de redistribución del capitalismo imperial ejercido por cuatro grandes potencias mundiales, con sus respectivas zonas de poder a lo ancho del orbe, pero sin un eje centralizado, productivo o institucional capaz de dotar de legitimidad política a tales ejes. La anarquía devastadora del capital, en ese sentido, pareciera encontrar una organización en la misma medida que desata el caos excéntrico de su necropoder. La violencia militar y los procesos de dominación, explotación y devastación propios del capital imperial en su etapa neofascista constituyen, al mismo tiempo y con sus diferencias de grado, los microcentros de autoreproducción y autodestrucción del militarismo en cada superpotencia.

A continuación ofreceremos, más que una exposición, una leve variación resignificativa de la distribución crítico-analítica propuesta por Karmy. Lo haremos a partir de una triple categoría de fuerza, estructurada en orden descendente: dominio/hegemonía/influencia (esta categoría demanda ser profundizada, labor que por desgracia no podemos realizar aquí). El dominio, por cierto, dispondría a la fuerza militar y las amenazas coercitivas de índole bélico en calidad de elemento determinante con la región dominada; la hegemonía, lo haría activando instrumentos del ámbito económico (sanciones, inyecciones, préstamos, etc.

); la influencia, en cambio, consistiría en priorizar factores ideológicos propios de la esfera cultural e ideológica (congruencia civilizatoria, identidad o historia afines, etc. ). Las relaciones de fuerza ejercidas por estos actores planetarios, así, se ejecutaría en diversas funciones según las variables interconectadas de cercanía o distancia geográfica, peso comercial, identidad cultural, etc.

Presentado básicamente, Karmy apuntaría los siguientes cuatro ejes, a los cuales nosotros hemos agregado la categoría mencionada para detallar la relación de fuerza que las respectivas potencias mantendrían con cada una de las zonas : EEUU dominando América y ejerciendo su hegemonía/influencia sobre Europa occidental y central; China hegemonizando buena parte de Asia y aun manteniendo considerables conexiones de influencia comerciales con buena parte de países de diversas regiones del orbe; Rusia dominando la región euroasiática hasta Ucrania, hegemonizando su presencia en Europa Oriental y extendiendo, cada vez más marcadamente, su influencia en regiones periféricas, como el caso de África; Israel -que con el patrocinio de EEUU configura la cara visible del sistema sionista- buscando dominar de facto Asia Menor, hegemonizar el conjunto de Medio Oriente y desarrollar su influencia en áreas controladas por EEUU. En suma, la redistribución del capital, en su clave anárquica y con diferencia de gradualidad, representa la cartografía general al interior de la cual se inserta la guerra asimétrica de agresión contra Irán a la que hoy asistimos. Para finalizar, podríamos decir que esta segunda entrega se ha abocado a presentar una cartografía de la guerra en Irán, exponiendo algunos de sus actuales alcances planetarios y diversos grados de magnitud e impacto geopolítico.

Si en la primera parte adoptamos una perspectiva, por así decirlo, diacrónica u horizontal, enfocada en el desarrollo histórico reciente del conflicto, en esta ocasión la mirada estuvo orientada por un análisis sincrónico, encargado de penetrar, “arqueológica” o “radiográficamente”, en las capas que conforman el escenario actual. Gracias al trabajo realizado hasta el momento, hemos asentado un terreno fértil para comprender de manera seria las particularidades coyunturales de la guerra de agresión contra Irán, cuestión que trabajaremos en la siguiente y última entrega. Por Aldo Bombardiere Castro Licenciado y Magíster en Filosofía, Universidad Alberto Hurtado.

Profesor adjunto Escuela de Periodismo Usach. Bibliografía Haddad, Bassam (2026): “How Might the United States and Israel´s on Iran Falter? ” en Jadaliyya Beta, 12 de marzo de 2026.

Disponible en web: https://www. jadaliyya. com/Details/47231/How-Might-the-United-States-and-Israel%E2%80%99s-War-on-Iran-Fail Karmy, Rodrigo (2026): “Mutación feudal” en Ficción de la Razón, 26 de enero de 2026.

Disponible en web: https://ficciondelarazon. org/2026/01/26/rodrigo-karmy-bolton-mutacion-feudal/ Karmy, Rodrigo (2026): “Ormuz en guerra. Una cartografía de la guerra de Irán” en Blog de Editorial LOM, 02 de abril de 2026.

Disponible en web: https://lom. cl/blogs/blog/ormuz-en-guerra-una-cartografia-de-la-guerra-de-iran Osman, Firoz (2026): “Guerra contra Irán, parte de una guerra occidental más amplia en frentes de resistencia interconectados” en HispanTV Nexo Latino, 28 de marzo de 2026. Disponible en web: https://www.

hispantv. com/noticias/opinion/641968/guerra-iran-occidente-amplio-frentes-resistencia-interconectados Zhang, Shen (2026): “La estrategia de China contra Irán al descubierto” en Neutrality Studies Español. Disponible en web: https://www.

youtube. com/watch?