Un sábado cualquiera en el barrio Triana, cuando tenían 10 años, Macarena Guzmán y María Edwards -amigas desde los cuatro- entraban a la casa donde se hacía Paula, la revista que en esos años marcaba pauta, no sólo en moda, sino también en cómo se hablaba de las mujeres en Chile. El papá de María, Roberto Edwards, su fundador, las hacía pasar, elegir ropa de modelo, sentarse frente al espejo mientras las maquillaban y peinaban, y luego posar para la cámara. Después venía lo mejor: días más tarde, cada una recibía su propia revista impresa con sus fotos.
Como ese, tienen miles de recuerdos que terminaron forjando un vínculo con un barrio que, sin darse cuenta, empezaron a sentir como propio. Lo que alguna vez fue el patio trasero del Hospital del Salvador comenzó a tomar forma en los años ‘30 como un conjunto residencial, con casas inspiradas en la arquitectura de pueblos preindustriales franceses. Con el tiempo, esas mismas construcciones -a pasos del metro Salvador- fueron atrayendo oficinas, talleres y proyectos editoriales, dando lugar a un tejido donde lo doméstico y lo creativo convivían sin mayor frontera.
Tras un período de mayor quietud, marcado por el estallido social y la pandemia, el sector ha ido recuperando su pulso en los últimos años, con la llegada de nuevas cafeterías, restaurantes y espacios de trabajo. A ese movimiento se suma hoy un plan de revitalización impulsado por Sercotec, que busca fortalecer su identidad comercial y urbana sin perder su carácter histórico: un equilibrio que no es nuevo en Triana, pero que vuelve a ponerse en juego. Café Prensa: entre revistas, café y memoria En esas mismas calles, durante abril, abrirá Café Prensa.
Macarena -con más de 10 años de experiencia en banquetería corporativa a través de su empresa Ulmo- y María -quien lidera el proyecto La Anticuaria- levantaron este espacio casi de manera orgánica. El nombre alude tanto al café prensado como a una intención más amplia: rendir homenaje al archivo de diarios y revistas que se hicieron e imprimieron en el barrio y marcaron época en el país. “Crecimos leyendo revistas, compartiendo y conversando sobre lo que nos gustaba.
Queremos que ese tiempo no termine”, dice Macarena. Esa idea se traduce en un espacio pensado para quedarse: estanterías con revistas, diarios y libros disponibles para hojear sin apuro; una invitación a recuperar la lectura como experiencia compartida. La carta sigue esa misma lógica: cercanía y memoria.
“Queremos recibir como en nuestra casa: platos clásicos, comida real, ingredientes reconocibles y de todos los tiempos. Que se sienta como la comida de siempre”, cuenta Macarena. Rollo de canela, tarta de almendras, ensaladas y panes de masa madre prensados componen una oferta breve y familiar.
Neko-San: el nuevo proyecto de Nicolás Tapia Otra apertura que ha marcado este año en Triana es Neko-San, del premiado chef Nicolás Tapia. El proyecto propone una carta acotada de onigiris y sandos que dialoga con más de 30 variedades de té. Su llegada al sector no responde tanto a una estrategia comercial como a una historia personal: “por agradecimiento, nostalgia y cerrar un círculo”.
Antes de consolidar Yum Cha, su restaurante más conocido, Tapia realizó cenas clandestinas en el Centro Leñería, uno de los espacios clave en la activación reciente del sector. “Cuando encontré el lugar actual de Yum Cha, al momento de salir de Leñería, le comenté a Francisco Salvatierra, su dueño, que algún día me gustaría regresar al barrio con algún proyecto para ayudarle en su visión del barrio Triana”, recuerda Nicolás. Volver ahora es, en sus palabras, una forma de “devolver el favor y contribuir a un proyecto que creo que tiene mucho potencial y futuro”.
Aunque podría leerse como una expansión de su gastronomía, Tapia insiste en que el eje no está ahí. “Mis proyectos nunca han estado enfocados en la cocina; siempre ha sido el té el protagonista”, afirma. Tanto Yum Cha como Neko-San nacen de ese interés: mostrar la profundidad de una bebida cotidiana, expandir su lugar en la cultura local, llevarla desde lo accesorio a lo central.
“Mi pasión es el té: quiero mostrar eso y enseñarle a la gente que una bebida que está tan inserta en nuestra sociedad y cultura puede ser mucho más profunda y variada”, dice el chef. En esa línea, la propuesta de Neko-San -más acotada, accesible y lúdica- ha sido leída también como una forma de democratizar ciertos códigos gastronómicos. Para el productor gastronómico Vicente Infante, se trata de “una de las aperturas más esperadas del último año”, que logra acercar una cocina de inspiración asiática con producto local a un público más amplio.
Pero, sobre todo, destaca su capacidad de educar el paladar en torno al té: “Chile es un gran consumidor de té, pero solemos no ser grandes conocedores. Nicolás lo acerca, lo democratiza y lo da a conocer”. Con apenas un par de semanas desde su apertura, ya se perfila como un éxito.
¿Los favoritos? Para Vicente Infante, el sando de huevo: “muy suavecita la masa del pan, esponjosa, pero a la vez con una corteza crocante; rico, sabroso, con la mayonesa precisa”. También destaca los onigiri, en particular el de hongos: “muy bien preparado el arroz, un bocado perfecto, fácil de comer con las manos”.
Más allá de sus diferencias, ambos proyectos -Prensa y Neko-San- dialogan con una misma idea de barrio: escala humana, memoria activa y circulación a pie. Es parte de una tendencia más amplia en Santiago: recuperar espacios, reactivar calles y habitar la ciudad de otra manera. Para Macarena Guzmán, Triana no es un nuevo polo de industrias creativas y gastronómicas.
“Esta no es una historia nueva; es una larga historia que no se ha terminado de contar. Buscamos honrar su historia y dejar que las cosas pasen de manera natural, sin imponer estereotipos ni elegir etiquetas. Naturalmente, los lugares van encontrando su esencia”.