—La ubicación también es un punto clave… -Sí, estamos literalmente sobre la arena. Sales del hotel y estás en la playa. Puedes caminar kilómetros, incluso llegar hasta Curanipe.
Los atardeceres son increíbles, los colores son únicos. Además, la geografía hace que la vista sea distinta: estamos como en una especie de depresión, entonces ves cómo se junta el cielo con el mar de una forma especial. Y algo muy importante es que sigue siendo un lugar limpio, poco intervenido.
No hay basura, no está sobreexplotado. Eso hoy es un lujo. —Se percibe también una fuerte identidad local… -Sí, totalmente.
Es lo que yo llamo “campo-playa”. Es una mezcla de vida rural con mar. La gente es la misma de siempre, se conocen entre ellos, muchos son dueños de sus terrenos desde hace generaciones.
Eso le da una identidad muy auténtica. Y al mismo tiempo convive con gente que viene de afuera: surfistas, viajeros, personas que buscan tranquilidad. Esa mezcla es bien única.
—Has impulsado también iniciativas con emprendedores locales… -Sí, eso es fundamental. Creamos una tienda dentro del hotel donde mujeres emprendedoras de la zona venden sus productos: cerámica, tejidos, joyas, madera. Muchas trabajaban solas, sin un espacio para mostrar lo que hacen.
Entonces esto les da visibilidad y también genera movimiento en el hotel. Yo siempre digo que los proyectos tienen que tener sentido, no solo ser negocio. —¿Cómo ha sido activar la zona fuera del verano?
-Ese fue uno de los grandes desafíos. Cuando llegué, en invierno esto era muy quieto. La gente venía, dormía y no pasaba mucho más.
Entonces empezamos a hacer eventos: música en vivo, experiencias gastronómicas, actividades culturales. Invitamos músicos, generamos redes, alianzas. Y poco a poco eso empezó a mover todo: no solo el hotel, sino también el resto del pueblo.
Ahora hay más vida en invierno, más movimiento, más comunidad. —¿Qué tipo de eventos realizan actualmente? -Hacemos de todo.
Desde conciertos más íntimos hasta eventos más grandes. Han venido músicos reconocidos, DJs, también hacemos experiencias con empresas, degustaciones, encuentros. Por ejemplo, pronto tendremos un evento tipo sunset con música electrónica, abierto al público.
La idea es que siempre esté pasando algo. —También han trabajado con marcas y empresas… -Sí, hemos hecho experiencias con empresas, eventos corporativos, encuentros más personalizados. La idea es que la gente venga, desconecte, viva algo distinto.
No es solo hospedarse, es vivir una experiencia completa. —¿Cómo ha sido tu cambio desde la hotelería en Santiago a este entorno? -Ha sido un cambio grande, pero muy enriquecedor.
En Santiago todo es rápido, hay muchas distracciones, mucho ruido. Acá hay más tranquilidad, y eso te permite enfocarte. No ha sido fácil, porque el hotel tenía muchos desafíos: infraestructura, clima, operación.
Pero también ha sido muy gratificante ver cómo el proyecto vuelve a tener vida. —Hoy el restaurante también atrae público externo… -Sí, mucha gente viene solo a comer. De Linares, de zonas cercanas, incluso personas que tienen casas en la zona.
Eso es muy positivo, porque genera movimiento y posiciona el lugar. Porque el restaurante se ha hecho su nombre aquí, su prestigio, más allá del hotel. Mucha gente viene a almorzar o a cenar.
El fin de semana viajan de todos los alrededores. El panorama es escaparse y venir a comer, incluso por el día y van a la playa, o se quedan para mirar el atardecer. Me dicen de repente, Ellen, queremos comer en la parrilla y yo les pongo la parrilla, qué me cuesta.
Ahora para Semana Santa, viene una familia entera de Santiago. La abuela me dice, somos 20, qué nos vas a tener? Entonces yo feliz de armarle cosas a la gente, nunca se aburren y son felices, disfrutan.
Yo creo que el servicio, la buena onda, más el lugar, la comida, es todo lo que se necesita. Así que ahí vamos a dejar a todos bien invitados, a que vengan. —Finalmente, ¿qué representa hoy Punta Sirena para ti?
-Es mucho más que un hotel. Es un proyecto con sentido. Aquí se mezcla comunidad, naturaleza, cultura, experiencia.
Yo creo que hoy el verdadero lujo es tener tiempo, poder desconectarse, disfrutar lo simple. Y eso es lo que buscamos ofrecer.