La Universidad de Chile comenzó a recibir sus primeros registros desde la Estación Espacial Internacional, correspondientes a experimentos que estudian tecnología y biología en condiciones de microgravedad y radiación espacial. El proyecto, coordinado por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Casa de Estudios, marca un hito sin precedentes para la ciencia espacial nacional. El proceso comenzó el 4 de abril, con la integración de los experimentos en la cápsula que los llevaría al espacio.
Marcos Díaz, investigador principal de la misión y académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la FCFM, explicó que en esta etapa el contenedor se probó en un simulador en tierra de la empresa proveedora para verificar que el hardware funcionara correctamente, lo que implicó comprobar que la conexión por presión fuera adecuada y que el sistema no representara un riesgo eléctrico para la Estación Espacial Internacional antes de ser enviado al espacio. Posteriormente, el 11 de abril, se efectuó el esperado lanzamiento al espacio. La cápsula Cygnus, que transportaba el contenedor chileno, se separó de forma exitosa del cohete portador, un Falcon 9 de SpaceX, iniciando su viaje hacia la EEI.
Finalmente, el 13 de abril, la cápsula Cygnus fue capturada por la Estación Espacial Internacional, siendo recibida por los astronautas que están a bordo de la estación. «Ellos toman la caja, verifican que no tiene mayores daños y capturan una imagen para poder mostrarnos que está intacta y nos reportan el estado de salud del sistema», detalló el investigador chileno. Tras esta revisión visual, un astronauta procedió a conectar el contenedor en el módulo correspondiente, permitiendo al sistema recibir energía y comunicarse con la plataforma.
Así, comenzó a operar de forma autónoma: «Ya obtuvimos el primer contacto con la plataforma y estaba funcionando. Estaba todo bien», confirmó el profesor Marcos Díaz. Los primeros indicios y lo que viene Gracias a esta conexión ya se ha confirmado la creación de los primeros archivos de datos y el inicio de algunos experimentos.
Durante los próximos 6 meses, el contenedor alojará microorganismos extremófilos, arqueas y muestras de grafeno, además de poner a prueba procesadores, fuentes de luz, láseres y UV, y cámaras ópticas y UV. El equipo chileno descargará periódicamente la información y monitoreará el estado biológico y tecnológico, comparando los resultados del espacio con contramuestras que son analizadas paralelamente en laboratorios en la Tierra. Entre la información ya recibida destacan imágenes y videos del proyecto.
Se ha confirmado la operación del microscopio basado en lentes líquidos, del sistema de seguimiento de partículas, microorganismos con multicámaras, del sistema de giro para variación de gravedad, del motor y del sistema de monitoreo biológico. En las últimas imágenes recibidas se ha confirmado también la apertura de un compartimiento para el ensamblaje de ADN sintético en el espacio, proyecto que mezcla bioingeniería, arte y ética, denominado El ángel de la historia. Se trata de un proyecto artístico liderado por Luis Guzmán (Radix-Lucis Studio), invitado a la misión Extremophiles-Universidad de Chile, y desarrollado en colaboración con especialistas internacionales y el equipo de SPEL.
Para Marcos Díaz, más allá del éxito técnico de estos primeros días, hay un valor simbólico invaluable: «Es importante que valoren el trabajo que se está haciendo desde Chile, que nos conozcan y que reconozcan que Chile puede ser relevante en esta área». Este esfuerzo cuenta, además, con la participación de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y la Fundación Biociencia.