Pero el foco más importante está en lo político. Beijing espera obtener alguna concesión a su favor en su aspiración por reclamar Taiwán. Desde 2024, China demanda que EEUU declare oficialmente su rechazo a la independencia de Taiwán.
A lo que suma ahora el pedido de que EEUU suspenda un contrato de venta de armas a Taiwán. La incapacidad de predecir las declaraciones o posiciones que tomará Trump mantienen en alerta a los analistas en este punto. El futuro de Taiwán no es un tema lejano.
La resiliencia de la economía global se atribuye, principalmente, a la capacidad de la economía estadounidense de sortear los shocks geopolíticos y arancelarios del último año. Eso ha sido posible al boom de inversiones vinculadas a la IA. Taiwán es un actor clave para esa industria.
TSMC en la principal fundidora de semiconductores del mundo. Al reclamo histórico de soberanía de China por temas políticos y de seguridad, ahora se suma un interés estratégico por controlar el flujo de la que podría considerarse la nueva gran materia prima: semiconductores. Los semiconductores de TSMC, “alimentan los centros de datos de IA, los sistemas de armamento de última generación y la infraestructura digital de las democracias occidentales.
Una crisis en el estrecho de Taiwán, o incluso una amenaza creíble, tendría un impacto comparable o incluso mayor en la economía mundial que el actual cierre virtual del estrecho de Ormuz”, escribe Alicia García-Herrero para Bruegel Institute. En un escenario tan delicado, los analistas ponen como un resultado optimista el que se acuerde la extensión de la tregua comercial vigente desde octubre pasado, y que la Casa Blanca ha puesto en duda con la amenaza de nuevas alzas de aranceles. Otro efecto positivo del encuentro entre Trump y Xi es que acelera las negociaciones para reabrir el estrecho de Ormuz.
China quiere que el encuentro se de con esta crisis ya solucionada. Beijing ha decidido jugar un rol tras bambalinas, pero clave, para impulsar a Irán a sentarse a la mesa de negociaciones. Pero de no haber cambios hasta entonces, la crisis en Irán también será un punto relevante en la agenda.
Inflación y consumo La visita de Trump a China durará dos días y recién llegará hacia el fin de la semana. Previamente, el mercado podrá concentrarse en dos importantes reportes económicos de EEUU: el dato de inflación (martes 13) y las ventas de retail (jueves 14), ambos correspondientes a abril. Se podría argumentar que el reporte de inflación no debería provocar un movimiento mayor en los mercados.
Después de todo, hay consenso de que las lecturas de inflación de marzo, abril, y posiblemente también mayo, mostrarán repuntes importantes debido al alza del precio de los combustibles. Un fenómeno que se percibe como temporal y que llevaría a los bancos centrales a mantenerse en pausa y no elevar tasas de interés. Para que ese argumento gane fuerza la clave estará en la evolución de la inflación subyacente (sin alimentos ni energía).
En el caso de EEUU, se proyecta que la inflación de abril marcó una variación de 3,6% anual. Se trataría de la segunda alza consecutiva, tras el salto de casi un punto porcentual que tuvo el índice para marcar 3,3% en marzo. Pero se espera que la inflación subyacente se mantenga en 2,6%, un rango que registra desde noviembre pasado.
Un salto en esta medición sí provocaría un golpe en las expectativas del mercado en torno a los movimientos de tasas de la Reserva Federal. El reporte de inflación será seguido por el índice de precios al productor de abril (miércoles 13) para completar la medición de inflación en el segundo mes tras el cierre del estrecho de Ormuz. Tras la revisión de los índices de precios la atención girará al consumidor.
El mercado está esperando una fuerte desaceleración en las ventas de retail de abril de EEUU. Se proyecta una variación mensual de apenas 0,1%, haciendo de las alzas de febrero (0,7%) y marzo (1,7%) una excepción en lo que de otra forma es una tendencia de desaceleración que comenzó a fines de 2025.