Señor Director: La persistente inestabilidad en Medio Oriente nos ha dejado lecciones que trascienden el valor del combustible. El desafío para una economía abierta como la chilena es cómo adaptarse a shocks externos y desde el mundo de la logística lo más complejo no es necesariamente el alza del petróleo, sino la fricción que genera el traspaso de costos. Si contáramos con mecanismos de ajuste preestablecidos, sería evidente para todos los actores que el incremento responde a un factor exógeno y no a una decisión arbitraria.
En Chile estamos familiarizados con la UF como herramienta ante la inflación. En el transporte existe el Índice de Costos del Transporte (ICT), elaborado por el INE, pero lamentablemente no es un estándar automático y autoreajustable como la UF. Es imperativo que, como sector, impulsemos la masificación de este indicador.
Convertirlo en un estándar contractual permitiría una transmisión de precios automática y transparente y así evitaríamos las retadoras negociaciones que surgen cada vez que el contexto internacional se agita o algún otro factor cambia.