Y como este es un país con vocación amnésica, que se acostumbró a moverse en un péndulo oscilante entre los extremos políticos, en cuanto llegó el Presidente José Antonio Kast al poder, se repitió el ciclo del intento de borrón y cuenta nueva, pero esta vez en un tiempo récord. La percepción que han dejado en estas primeras dos semanas es que Kast llegó a patear el tablero, a refundarlo todo (de nuevo…). “Algo muy contradictorio si el relato de la administración es proyectar emergencia y austeridad” Intentando copar todos los ámbitos de la agenda, en unos pocos días el Gobierno anunció el retiro de 43 decretos ambientales, advirtió que aplicará indultos a personas condenadas por apremios ilegítimos –Kast fue brutal condenando en 2022 esta facultad presidencial–, dio por cerrado el proyecto de negociación ramal y anticipó que terminará con la educación gratuita y perseguirá a los deudores del CAE.
También echó pie atrás al Tercer Plan Nacional de Derechos Humanos y no adhirió en la OEA a una declaración sobre derechos LGBTIQ+, marcando un quiebre con administraciones anteriores, incluida la de Piñera. Si el objetivo del Gobierno es disparar misiles hacia todos lados para provocar a la oposición, la verdad es que pareciera que están pidiendo a gritos que levanten la voz los gremios, los estudiantes y las organizaciones de DD. HH.
Pero no se limitó a eso. Le pidieron la renuncia al superintendente de Educación Superior, después que este anunciara una sanción a la USS por contrataciones irregulares de personas ligadas a los republicanos, partiendo por su presidente, Arturo Squella. También al Mandatario le reventaron en la cara sus críticas del 2022, como cuando acusó a Gabriel Boric por contratar embajadores como “premio de consuelo”.
Kast terminaría haciendo lo mismo con un grupo importante de parlamentarios que no fueron reelectos (Coloma, Ebensperger, José Miguel Castro, entre otros). Y el remate vendría el pasado viernes. Al incumplimiento de la promesa presidencial de 2021 de rebajarse el sueldo si salía electo, se sumó el anuncio de que los asesores de Gobierno pasarían a percibir $9.
9 millones vs. los $6. 6 millones que ganaban con Boric.
Algo muy contradictorio si el relato de la administración es proyectar emergencia y austeridad. La historia es clara y los chilenos somos más amnésicos de lo que creemos. En los últimos siete años, desde 2019, hemos experimentado procesos consecutivos cuyo objetivo ha sido el “todo de nuevo” y, a pesar de eso, no hemos podido realizar ningún gran cambio estructural.
Qué mejor ejemplo que los fiascos constitucionales y los 16 años de Bachelet-Piñera. Lo que nos falta ahora es que el péndulo nos depare un largo destino con la dupla a Boric-Kast. Total, hace rato que la realidad superó la ficción en nuestro país.