Mañana lunes, en la Universidad Diego Portales, será inaugurada la “Cátedra Carla Cordua”. Ella tiene poco más de 100 años y ha destacado siempre como filósofa y pensadora seria, franca, rigurosa, y, asimismo, divertida. Casada con el también filósofo, Roberto Torretti, muerto hace algunos años, ambos recibieron en conjunto el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, y en esa misma universidad se encuentran hoy la biblioteca y el archivo de los dos filósofos.

También en dicha institución se ha venido publicando una parte relevante de su obra. Torretti y Codua hicieron parte de sus carreras académicas fuera de Chile. En 1961 volvieron de Alemania a la Universidad de Concepción.

Salieron nuevamente de nuestro país en 1970, radicándose en Puerto Rico y retornando a Chile en 1998. Ambos fueron distinguidos como Profesores Eméritos de la UDP. Esta cátedra recibirá en el futuro a nuevos académicos visitantes del área de humanidades, tantas veces desvalorizada al lado de las ciencias exactas y naturales, aunque en los últimos días, y desde la posición más alta de la República, se acaba de lanzar también una descalificación al saber científico y tecnológico.

El 18 de este mes la Cátedra antes mencionada contará con la presencia y participación del antropólogo y ensayista colombiana Carlos Granés, autor del reciente libro “El rugido de nuestro tiempo”, que incluye como subtítulo “Batallas culturales, trifulcas políticas”. El autor exhibe un incuestionable temperamento liberal, alejado de figuras como Maduro y Milei; o sea, sin doble estándar, sin concesiones oportunistas y sin incurrir tampoco en las las habituales jugarretas maniqueas de quienes protagonizan a menudo lo que no pasan de ser “trifulcas políticas”. Torretti y Carla Cordua, como también Bolaño, que desde hoy también está en la UDP Cátedra Abierta, supieron que se puede dejar de escribir durante un año, pero no de leer ni siquiera un solo día, y ambos se esmeraron por producir una obra filosófica mayor y perdurable.

Mr. Trump también entra en aquel grupo de los “rugientes”, donde el que piensa diferente es siempre un enemigo que eliminar y no únicamente un crítico o adversario con quien conversar y debatir.