China condena enérgicamente la ofrenda enviada al controversial santuario Yasukuni por la primera ministra y altos funcionarios japoneses, destacando la tensión diplomática entre ambos países. Este santuario venera a criminales de guerra de alto rango, considerado por China y otros países asiáticos como símbolo de la agresión militar de Japón en el pasado. La acción ha generado un fuerte rechazo y suma al delicado historial de relaciones en Asia Oriental.