Durante este primer fin de semana de mayo la comuna de Combarbalá celebra una de las fiestas religiosas más concurridas de la región rindiendo culto a la Virgen de la Piedra. La fiesta se desarrolla en la pequeña localidad de La Isla, lugar que se transforma durante tres días en el centro de esta emotiva celebración espiritual. En relación a los orígenes de esta tradición, estos están profundamente arraigados a la comunidad católica local, cuyos orígenes no responden a registros oficiales, sino principalmente a testimonios transmitidos por generaciones.
Según estos relatos, todo se remonta hacia el año 1930, cuando habitantes del sector descubrieron una roca en la parte alta de un cerro que presentaba una figura interpretada como la imagen de la Virgen. A partir de ese hallazgo, comenzó a gestarse una devoción espontánea entre los vecinos, la que con el tiempo fue creciendo en número de fieles. Sin embargo, esta manifestación religiosa enfrentó ciertas aprehensiones por parte de la Iglesia de Combarbalá en sus inicios.
Con el paso de los años, y ante la persistencia de los creyentes, la devoción fue finalmente aceptada e incorporada al acompañamiento espiritual y pastoral de la parroquia San Francisco de Borja. Los testimonios recogidos en la zona dan cuenta de experiencias que fortalecieron la fe en torno a este lugar, entre ellos destaca un relato que habla de una mujer que, tras almorzar, subió hasta el sitio a encender una vela y habría tenido una visión de una figura femenina, interpretada por ella como una manifestación de la Virgen. Otros relatos cuentan que una pequeña niña fue sanada de una terrible enfermedad tras encontrarse con la Virgen de la Piedra y a ellos se le van sumando experiencias personales de los peregrinos.
Esta fiesta se ha consolidado como una expresión de fe muy importante para la comuna y también para la región, por su antigüedad y por ser la tercera celebración espiritual más grande la zona.