Asimismo, abogó por restablecer los mecanismos de consulta entre ambas partes, señalando que existen bases políticas previas que permiten retomar el diálogo. En particular, hizo referencia al llamado consenso de 1992, que reconoce el principio de “una sola China” con interpretaciones diferenciadas. La líder opositora insistió en que la reactivación de estos canales permitiría gestionar las diferencias, reducir la confrontación y contribuir a la estabilidad regional.
Las relaciones entre China y Taiwán se interrumpieron en 1949 tras el fin de la guerra civil china, cuando el Kuomintang se replegó en la isla. Desde entonces, los vínculos se han mantenido principalmente en ámbitos económicos y de carácter informal, en un escenario marcado por tensiones políticas persistentes. El Kuomintang, que gobernó Taiwán durante décadas antes de la transición democrática, mantiene como uno de sus ejes la búsqueda de una eventual unificación, posición que contrasta con otras fuerzas políticas de la isla.