Cuando Yann Yvin llegó a Chile hace 25 años, lo hizo como parte de una trayectoria que ya lo había llevado por distintos continentes. Su carrera no estaba pensada para detenerse, pero algo en nuestro país cambió el rumbo. Aquí formó familia, nacieron sus hijos y su vida personal se entrelazó de tal forma que terminó transformándose en un vínculo profundo.
Aunque nació en París, Yvin se reconoce profundamente en Bretaña, en el noroeste del país: un territorio marcado por el mar, el clima y una cocina de producto. Esa raíz explica, en parte, su conexión con Chile: una costa extensa y biodiversa, productos marinos de alto valor, una cocina ligada a la estacionalidad, viñedos y una identidad construida desde el territorio. Y si bien saltó a la fama por sus apariciones en televisión, su visión sobre el país trasciende nacionalidades.
Con el tiempo, Yvin dejó de ser un chef extranjero para convertirse en un observador activo —y muchas veces crítico— de la cultura culinaria local. “Cuando llegué hace 25 años a Chile, me sorprendió que los propios chilenos no vieran su país como un territorio gastronómico”, recuerda. ¿Por qué, entonces, Chile no se posicionaba como destino gastronómico?
Sobre todo considerando que muchos de sus productos —mariscos, pescados, frutas y vinos— ya circulaban en mercados internacionales de alto nivel. Conversamos con él en Puerto Natales, en la Región de Magallanes, donde ha sido un activo participante de “Sabores Natalinos” a lo largo de los años. Su compromiso con la gastronomía chilena y el desarrollo local es profundo, y responde a una visión clara sobre el potencial del país.
El cambio en el discurso gastronómico chileno A lo largo de más de dos décadas, Yvin ha recorrido prácticamente todo el territorio chileno. No desde el turismo, sino desde el oficio. Ha trabajado con productos locales, conocido realidades regionales y participado en diversas iniciativas, desde la exploración de ingredientes poco convencionales —como el castor en el sur austral, una especie invasora que puede convertirse en recurso gastronómico— hasta su involucramiento en políticas y programas de alimentación como JUNAEB.
Ese recorrido le ha permitido construir una mirada amplia, no solo sobre sabores, sino sobre la cadena alimentaria completa. Y también ha sido testigo directo de una transformación importante: cómo Chile hoy no solo reconoce su cocina, sino que empieza a construir un relato en torno a ella. “Eso cambió con el tiempo.
Hoy se habla de gastronomía chilena, y eso me alegra el corazón”. El cambio no es menor. Se ha pasado de una cocina doméstica o invisible a una herramienta de identidad y desarrollo.
“Hoy Chile se vende como un destino gastronómico. Cada región tiene algo que ofrecer: sus productos, su identidad, su gente”. Chile como destino turístico gastronómico Para Yvin, el cambio más relevante no ocurre solo en Chile, sino en cómo el mundo decide viajar.
“El turista ya no viaja solo por el paisaje. Muchas veces decide su destino por lo que va a comer, por los sabores que quiere descubrir. La gastronomía, hoy, incluso puede superar al destino.
Hoy la decisión de la gente sobre un destino turístico se toma en más de un 50% en torno a lo que se va a comer, a los sabores que va a descubrir”. En ese escenario, Chile tiene una ventaja estructural en su diversidad, pero también un desafío: saber comunicarla. “Durante mucho tiempo Chile se vendió por su geografía —sus montañas, sus paisajes, sus mares—, pero hoy es mucho más que turismo outdoor: es un destino gastronómico.
En Chile lo tienen todo, solo falta que se sepa afuera de sus fronteras”. Más allá del producto, Yvin pone también el foco en las personas. “Esa sonrisa auténtica, la del pescador, la del pequeño productor, es lo que realmente conecta con el mundo.
Hoy buscamos un turismo honesto, con sonrisas verdaderas”. Quedarse para aportar Después de más de dos décadas, la mirada de Yann Yvin instala un desafío claro: convertir la suma de productos excepcionales y territorio en relato, en experiencia y en posicionamiento global. Porque si antes la pregunta era por qué Chile no se veía como un país gastronómico, hoy la pregunta es qué tan lejos se puede llegar ahora que finalmente se ha encontrado un camino.
Esa reflexión también explica su permanencia en Chile, incluso cuando su familia terminó radicándose en Canadá, siguiendo el camino artístico de su hija mayor en el mundo del circo. —¿Por qué no te has querido ir de Chile? —Porque me gusta, me siento cómodo.
Además, siento que tengo voz para decir y hacer cosas. Me interesa la alimentación infantil y acá he encontrado personas que escuchan lo que puedo aportar. Y también es una forma de devolver la mano.
Chile me ha dado mucho, y ahora soy yo quien quiere entregarle algo a Chile.