“Si está la opción, yo lo voy a hacer”. Con esa frase, Nury Morales recuerda el momento en que decidió donar parte de su hígado para salvar la vida de su madre. La mujer, de 33 años, llevaba meses viendo cómo la salud de su mamá empeoraba mientras esperaba un trasplante hepático.

Hospitalizaciones frecuentes, fuertes molestias y complicaciones cada vez más graves marcaron el proceso, hasta que en diciembre de 2025 ingresó a la UCI, informó la Universidad de Chile. Ese escenario obligó al equipo médico a reevaluar el caso y considerar una alternativa poco común en Chile: un trasplante hepático con donante vivo. Lee también...

Hospital de Concepción realiza inédito trasplante de fémur a niño con cáncer Domingo 01 Marzo, 2026 | 16:33 La madre de Nury enfrentaba un daño hepático crónico de origen metabólico, que avanzó durante años. El doctor Carlos Mandiola, cirujano que realizó el procedimiento, explicó que la enfermedad “empezó con esteatosis, que derivó en una esteatohepatitis, la cual finalmente progresó hacia un daño hepático crónico con el desarrollo de diversas complicaciones”. Entre ellas, mencionó “ascitis refractaria, encefalopatía recurrente y peritonitis bacterianas espontáneas a repetición”, cuadros que exigieron múltiples hospitalizaciones.

Sin embargo, el gran problema estaba en la lista de espera. Su puntaje de gravedad era bajo, lo que implicaba una espera prolongada, pese al evidente deterioro. Trasplante hepático con donante vivo Ante el complejo escenario, el equipo médico abrió una nueva posibilidad, la de poder realizar este trasplante hepático con un donante vivo.

El doctor Mandiola detalló que el trasplante con donante vivo consiste en “utilizar como injerto una porción del hígado obtenida de un donante vivo”, quien debe cumplir características clínicas, médicas y anatómicas específicas. En ese contexto, evaluaron a familiares de la paciente. Nury se ofreció y cumplió con todos los requisitos.

El procedimiento también marcó un hito para el Hospital Clínico Universidad de Chile, ya que el equipo venía preparándose desde hace años para desarrollar esta técnica. Mandiola contó que realizó una formación en el ASAN Medical Center de Seúl, Corea del Sur, uno de los centros más importantes del mundo en este tipo de cirugías. “En poco más de 30 años llevan más de diez mil casos y efectúan alrededor de 500 trasplantes hepáticos con donante vivo anualmente”, comentó el especialista.

Con ese aprendizaje, el desafío siguiente fue preparar al equipo completo. “Lo ideal es pensar muy bien la cirugía para no caer en improvisaciones durante el procedimiento. Nos reunimos constantemente para proyectar la cirugía e hicimos varias simulaciones”, agregó.

La operación duró más de 12 horas y ambas mujeres salieron de pabellón sin mayores complicaciones. Hoy continúan su recuperación. La emoción de un procedimiento histórico Nury, todavía impactada por lo vivido, destacó el acompañamiento médico durante todo el proceso.

“Uno no siempre se topa con doctores que tengan este tipo de calidad humana, que te expliquen todo súper bien y se tomen el tiempo de decirte cada detalle”, señaló. Además, valoró la preocupación constante por su madre: “Mi mamá estuvo desde diciembre hospitalizada acá y todos me preguntaban sobre ella. Esa preocupación por el paciente es muy valorable”.

La Ley 21. 621 también resultó clave para concretar el trasplante, ya que permitió cubrir los gastos del procedimiento. Nury explicó que llegaron al hospital mediante una derivación desde el consultorio de Independencia, luego de recibir orientación desde Dipreca.

“Lo hicimos sin imaginar que esa ley nos iba a cubrir todos los gastos del trasplante. Son políticas públicas que se agradecen cuando uno las tiene que utilizar”, expresó. El doctor Jaime Castillo, jefe del equipo de Cirugía Hepatobiliopancreática y de la Unidad de Trasplantes, afirmó que esta normativa permite que pacientes de Independencia, Renca y Tiltil accedan a distintas prestaciones.

“Este es un hospital universitario público, no una clínica privada. Por lo tanto, los recursos siempre son un poco más limitados”, sostuvo. Finalmente, Castillo reflexionó sobre el valor personal e institucional de este logro.

“Estamos tremendamente orgullosos y agradecidos por esta posibilidad de hacer algo que para nosotros es muy desafiante, pero muy reconfortante”, dijo. “Yo terminé y a uno se le caían las lágrimas”, cerró el médico, al recordar una cirugía que no solo salvó una vida, sino que también escribió una nueva página en la historia del recinto.