Pero esa transición no ocurre en un territorio abstracto. En Chile, la discusión sobre residuos sigue marcada por una lógica centralista que tiende a pensar soluciones homogéneas para realidades profundamente desiguales. Una comuna metropolitana no enfrenta el mismo problema que una rural, aislada o extrema.
En esos territorios, la baja densidad, las distancias, la fragilidad logística y la escasez de infraestructura hacen que la gestión de residuos sea también una expresión concreta del desequilibrio centro-periferia. Ahí los municipios cargan con la urgencia cotidiana del problema, pero no siempre cuentan con herramientas equivalentes para resolver desde una lógica preventiva, territorial y de largo plazo. Quedan atrapados entre la presión operativa, la restricción presupuestaria y una oferta de soluciones que suele privilegiar lo convencional.
Así, en vez de transformar el modelo, se administra la emergencia. También hay una dimensión menos visible, pero decisiva: la forma en que el Estado evalúa y financia proyectos. Cuando los instrumentos de inversión tienden a favorecer soluciones estandarizadas, de gran escala y fácilmente comparables, las alternativas descentralizadas de Basura Cero quedan en desventaja, incluso cuando han demostrado ser más eficientes.
Compostaje comunitario, sistemas de reutilización de base territorial, o esquemas modulares de menor escala suelen competir mal frente a grandes infraestructuras. El resultado es conocido: se reproduce dependencia centralista, se frenan capacidades locales y se paraliza la aparición de nuevas soluciones. Ese vacío permite que aterricen vendedores de falsas soluciones, como la incineración, que suele presentarse como una respuesta moderna y eficiente, capaz de reducir volumen y generar energía.
Pero su lógica entra en tensión con la prevención y el reciclaje, porque necesita residuos constantes para operar. Más que empujar una transición hacia Basura Cero, puede terminar consolidando una economía que sigue necesitando el descarte. ¿Estamos dispuestos a construir las condiciones para que Basura Cero deje de ser una mera consigna?
Eso exige confiar más en los territorios, habilitar soluciones locales, articular mejor a municipios, regiones y Estado central, y entender que prevenir, reutilizar y valorizar cerca del origen no es una opción marginal, sino una estrategia más racional para un país desigual en infraestructura y capacidades. Solo desde ahí puede comenzar una transición real.