si logras quebrar la voluntad de lucha antes del combate, ya ganaste. Esta dimensión no es menor. OTAN, centros estratégicos europeos y doctrinas estadounidenses vienen estudiando la guerra cognitiva como uno de los nuevos dominios del conflicto.
Para algunos, es la evolución natural de las operaciones psicológicas. Para otros, es una transformación radical de la guerra misma. De Crimea al ciberespacio: los casos que redefinieron el conflicto El ejemplo emblemático suele ser Crimea en 2014.
Rusia combinó: fuerzas encubiertas operaciones informativas presión política ciberataques manipulación narrativa Sin guerra declarada. El resultado cambió mapas. Antes, Hezbolá en el Líbano había mostrado otra forma híbrida: mezcla de guerrilla, capacidad militar regular, operaciones mediáticas y lógica insurgente.
Luego vinieron: ISIS y propaganda digital global interferencias en elecciones occidentales ataques a infraestructura crítica uso estratégico del crimen organizado. Los campos de batalla dejaron de ser solo físicos. Hoy incluyen: tierra, mar, aire… pero también ciberespacio y espectro electromagnético.
La guerra híbrida no es solo militar: es política Aquí Contreras rompe con una de las ideas centrales del pensamiento convencional. “La guerra es un fenómeno político, no militar. ” Su argumento: si se entiende la guerra solo como fenómeno castrense, no se entienden las amenazas contemporáneas.
Porque hoy pueden intervenir: corporaciones transnacionales actores criminales operaciones económicas disputas tecnológicas control energético presión cultural. La guerra híbrida, entonces, no busca necesariamente conquistar territorios. Puede buscar: debilitar soberanía, condicionar decisiones, capturar dependencia.
Y lograrlo sin invasión. ¿Puede Chile enfrentar amenazas híbridas? Para algunos expertos, sí.
De hecho, parte del debate es si ya las enfrenta. Contreras sugirió que el país podría estar expuesto a ellas en dimensiones poco discutidas: ciberataques, vulnerabilidad cultural, dependencia estratégica, erosión de cohesión social. Incluso vinculó esto a soberanía energética.
No casualmente en el programa Voces de Mando el hidrógeno verde apareció como tema estratégico, cuando lo trató la analista María Isabel Muñoz. Porque en el mundo actual energía también es poder. Y soberanía.
“El Estado tiene que hacer lo que tiene que hacer”, resumió, defendiendo un rol estratégico estatal para proteger intereses permanentes. La zona gris: donde todo ocurre sin llamarse guerra Quizás la idea más inquietante del fenómeno es esta: la guerra híbrida prospera donde no parece haber guerra. Ahí está su potencia.
No necesita batallas decisivas. No necesita victorias clásicas. Busca desgaste.
Fragmentación. Como ha planteado literatura estratégica reciente, la clave no es destruir al adversario, sino volverlo incapaz de reaccionar. Sin que advierta plenamente qué ocurre.
El problema jurídico: ¿cómo se responde a una guerra que no se reconoce? Aquí aparece otro dilema. Las normas internacionales fueron pensadas para guerras convencionales.
Pero: ¿cómo respondes a un ciberataque devastador? ¿Es acto de guerra? ¿Y una campaña de desinformación coordinada?
¿Y crimen organizado instrumentalizado por intereses estratégicos? Muchos marcos jurídicos no alcanzan. Y eso genera zonas de impunidad.
El propio debate estratégico chileno empieza a mirar esa brecha. La gran pregunta no es militar Hacia el final de Voces de Mando, Slater preguntó si las Fuerzas Armadas están preparadas para estas guerras. Contreras corrigió la pregunta.
“No es si las Fuerzas Armadas están preparadas. Es si el país está preparado”. La diferencia es enorme.
Porque desplaza el problema desde cuarteles hacia la sociedad. Y ahí la guerra híbrida deja de ser un tema de defensa. Pasa a ser un tema nacional.
Inteligencia. Infraestructura. ¿Estamos ya en una guerra que no reconocemos?
Esa es la pregunta incómoda. Y quizás la más importante. Porque si la guerra del siglo XXI puede operar sin declararse, si puede usar medios de paz como instrumentos de agresión, si puede moldear percepciones antes que conquistar territorios, entonces la seguridad ya no es solo defensa.
Es capacidad de una sociedad para resistir ser erosionada. En palabras de Contreras: el mayor riesgo podría no ser estar en guerra sin saberlo… sino advertirlo demasiado tarde. Preguntas frecuentes sobre guerra híbrida ¿Qué es una guerra híbrida?
Es un conflicto que mezcla herramientas militares y no militares como ciberataques, propaganda y coerción económica. ¿Qué es guerra cognitiva? Es la disputa por influir percepciones, lenguaje y conducta social.
¿Cuál es la diferencia entre guerra híbrida y guerra convencional? La guerra híbrida opera en múltiples dominios y muchas veces sin declaración formal de guerra. ¿Puede Chile enfrentar amenazas híbridas?
Expertos plantean que sí, especialmente en ciberseguridad, soberanía y presión geoeconómica.