En lo que respecta a la calidad de la política hecha por la oposición, es memorable mediáticamente la escena en las noticias de TV de las inocultables sonrisas de satisfacción de sus dirigentes al decirle que no a los negociadores del gobierno al explicar su plan económico (Plan de Reconstrucción Nacional”) e invitando a votar a favor de discutir la iniciativa en el Parlamento. Negarse a conocer y discutir iniciativas en el Parlamento muestra a una oposición ‘çerrada’, insegura para exponerse a ideas y planes diferentes a su ideario. El PDG salvó la situación y habrá votos para la discusión del plan de gobierno, el cual ha entrado a la Comisión de Hacienda.
Bien para los intereses del PDG, fue un obrar inteligente. Pero la oposición en su conjunto no tiene proyecto alternativo, por lo que no le queda más que oponerse a todo por doctrina (PC marxista leninista, y quizás Frente Amplio) o buscar quizá en el mediano plazo la construcción de un proyecto de sociedad alternativo (PS, PPD, PDC) sorteando por ahora aleatoriamente o ‘lo mejor que se pueda’ las contingencias actuales y mediatas, y hablándole a sus públicos más que al país. El Plan de Reconstrucción Nacional es un megaproyecto de 43 medidas en 5 ejes: competitividad tributaria (bajar impuesto corporativo de 27% hoy a 23% en 2029), empleo formal (incentivos a contratación, crédito tributario), facilitación regulatoria (agilizar permisos y trámites ambientales), certeza jurídica (invariabilidad tributaria para grandes inversiones por 25 años), contención del gasto público (ajuste del 15%, y descontinuar 142 programas estatales).
¿Aunque no conozcamos las más de 200 páginas en que está contenido este Plan y por tanto desconocemos sus 43 medidas, igual podemos tener una primera opinión acerca de él verdad? ¿Qué opinión tiene Ud. querido lector(a) de este Plan?
Modestamente le compartiré la mía. A primera vista no se ve mal rebajar impuesto a grandes empresas gradualmente y a tres años, asemejándose a promedios OCDE, si ello fuese acompañado de claras medidas pro-disminución del desempleo (en alza desde hace un tiempo, 8,9% primer trimestre 2026, 925 mil ciudadanos buscando empleo! ), y mejoramiento de las compensaciones y condiciones laborales para los trabajadores/as en el país.
Por otra parte, se ve bien agilizar y resolver aquello que se ha denominado ‘permisología’ y particularmente cuando su existencia empantana proyectos de inversión productiva que generan empleo y desarrollo. Es vox populi que el Estado -como la justicia- requiere un accionar más ágil y moderno, por tanto, si introducirle agilidad comienza por lo ambiental pues, ¡adelante! Los otros dos puntos en cambio ameritan discusión pormenorizada y técnica para mejor opinar.
Los 25 años de invariabilidad tributaria y descontinuar 142 programas estatales exigen miradas técnico- políticas en comisiones y Parlamento, y esperemos que los expertos en tales materias puedan orientarnos al respecto.