Ese día, quienes tantas veces fueron mirados desde el diagnóstico, la pena o el trámite ocuparán el centro. Llegarán con ensayos encima, nervios, humor, ganas y miedo, como cualquiera que se sube a un escenario. Ellos no buscan aplausos condescendientes.

Buscan algo más básico y bastante más escaso: ser vistos y escuchados.