Cruciales emociones El aprendizaje es un proceso que conlleva que algo cambie en el cerebro y está mediado por factores biológicos, cognitivos, psicológicos y sociales, sostiene la doctora Mabel Urrutia, directora del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva de la Facultad de Educación de la Universidad de Concepción (UdeC) y del proyecto Fondecyt de Exploración 13220040 que creó la exposición “Emocrea, descubre y recrea tus emociones” que está en el Cicat. Y las emociones son gatillantes. “Las emociones no están separadas del cuerpo, tanto el bienestar físico se vincula con el social, emocional y cognitivo, y viceversa.

Y por eso son fundamentales para aprender”, afirma. El estado emocional y anímico influyen en condiciones cruciales para el aprendizaje como motivación, atención, creatividad, autorregulación, tolerancia a la frustración y resolución de problemas. En este sentido, aclara que desde la neurociencia se plantea que los estímulos deben ser novedosos y motivantes para que se genere el aprendizaje: si algo motiva es porque interesa, despierta emociones placenteras y mueve el proceso cerebral.

“La motivación es la puerta de entrada a la información y afecta la atención. Si alguien está motivado estará con la atención focalizada, lo que va a relacionarse con la memoria de trabajo que permite que guarde la información y la pase a largo plazo”, expone la académica. En la misma línea, afirma que “ser más positivo sobre algo hace ser más creativo”.

Al contrario, si hay emociones displacenteras se verán afectados los aprendizajes y el rendimiento. Entre lo personal y lo social Factores personales y sociales como entorno escolar y familiar determinan las emociones de estudiantes, y así sus aprendizajes y rendimiento, resalta la doctora Angélica Vera, académica del Departamento de Fundamentos de la Pedagogía de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc). Y lo comprobó en una investigación que realizó en el marco del proyecto Fondecyt de Iniciación 11230202, cuando evaluó la influencia de variables socioemocionales en los logros académicos en casi 4 mil escolares de enseñanza básica de 57 establecimientos de comunas de Biobío con altos índices de vulnerabilidad.

Desde las evidencias resalta que un autoconcepto académico positivo, la autoestima, la resiliencia y el apoyo social favorecen emociones positivas, confianza, motivación, disposición al aprendizaje y compromiso escolar. También las sanas relaciones con pares y docentes, la convivencia escolar y el buen clima en el aula tienen papel decisivo en las emociones placenteras y disposición a aprender. “En cambio, emociones negativas asociadas a la victimización, la frustración o la percepción de incapacidad pueden debilitar la motivación y reducir el rendimiento académico”, advierte.

Al respecto, la investigadora destaca que “los estilos atribucionales, es decir, cómo los estudiantes explican sus éxitos y fracasos, también influyen en sus emociones, ya que atribuciones centradas en el esfuerzo y en factores controlables tienden a fortalecer la motivación y la confianza”. En cambio, atribuir a factores incontrolables como “mala suerte” tienen el efecto contrario. Desarrollo socioemocional: necesidad crítica Por el rol crucial de las emociones sobre el bienestar, los aprendizajes, el rendimiento académico y el desarrollo integral, y atendiendo un crítico escenario actual en cuanto a la salud mental y violencia en escolares, las doctoras Mabel Urrutia y Alejandra Vera enfatizan la necesidad urgente de abordar el desarrollo de habilidades socioemocionales en las nuevas generaciones.

Y es que cifras del Ministerio de Salud indican que cerca del 20% de los adolescentes presenta algún trastorno mental. Mientras, en los días recientes la escalada de violencia escolar enciende las alertas de autoridades, especialistas y toda la sociedad por los múltiples y lamentables hechos ocurridos como ataques y amenazas en comunidades educativas de Biobío y Chile. Si bien no se puede atribuir el problema y la solución a un único elemento, las enfermedades mentales y fenómenos sociales son multicausales, como las emociones y aprendizajes se influyen por múltiples factores, si existen relaciones que se pueden establecer y brechas que se deben acortar.

La investigadora Mabel Urrutia advierte que muchos problemas de salud mental se relacionan con la falta de habilidades socioemocionales. Y así también “la violencia es consecuencia de los problemas de salud mental, y afecta los aprendizajes en escolares”. “Por ejemplo, si no puedo regular mi frustración y rabia, no voy a buscar nuevas maneras o no voy querer trabajar con otros”, plantea.

Cuando se desarrollan las habilidades y existe gestión de las emociones es posible la autorregulación y así hay una disposición más positiva a diferentes situaciones, desde desafíos y estrés hasta los aprendizajes, como también para una adecuada interacción con otros. Por la brecha y necesidad de educación emocional surgió la exposición interactiva que desarrolló la doctora Urrutia para Cicat, buscando que visitantes vivan distintas experiencias que permitan abordar distintos aspectos para la gestión emocional. Aunque avanzar en ello es un reto de toda la sociedad, y donde lo que se realice en la familia y en la escuela es fundamental, al ser principales núcleos formadores.

En esta línea, a partir de las evidencias de su investigación, la académica Alejandra Vera considera esencial el fortalecimiento sistemático de la educación y desarrollo socioemocional dentro de los establecimientos educacionales, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad. Junto con enseñar aspectos como el reconocimiento y regulación de las emociones, destaca que se deben promover estilos atribucionales adaptativos, reforzar el autoconcepto académico positivo, mejorar la convivencia escolar y prevenir situaciones de agresión o victimización. También hay que fortalecer las redes de apoyo y generar climas escolares colaborativos y seguros.

“Abordar estos aspectos permitirá potenciar tanto el bienestar como los aprendizajes, favoreciendo trayectorias educativas más equitativas y significativas”, manifiesta. Motivar la motivación La motivación, motor natural de las emociones placenteras y la disposición al aprendizaje, plantea otro reto en el ámbito educativo. La neurocientífica Mabel Urrutia expone que hay diferentes clasificaciones cognitivas de lo que es motivación, pero la que más se maneja en educación es la extrínseca e intrínseca, o sea, por motivos externos como obligaciones e internos como la curiosidad o la satisfacción personal.

“La mayor parte de la educación está regulada por la motivación extrínseca. Por ejemplo, si no hago una tarea no ponen un punto o hay evaluaciones con notas. Pero la evidencia empírica dice que la intrínseca es la que más ayuda al aprendizaje: si el alumno está motivado intrínsecamente va a mejorar sus hábitos y energiza, lo que va a conllevar emociones placenteras a la asignatura o la materia.

Y para que eso ocurre hay que atender a los intereses de los estudiantes”, manifiesta. Atender a los intereses de los estudiantes y motivar la motivación intrínseca lo reconoce como un desafío dentro del sistema educativo tradicional en Chile, pero no es una misión imposible y es muy necesaria. Sobre ello sugiere que “ante este esquema del que no puede escapar, el profesor puede combinar los dos tipos de motivación.

Por ejemplo, cuando alguna actividad no sea del interés de la mayoría de estudiantes se podría aplicar la motivación extrínseca, como dar puntos en ciertas actividades aleatorias. Y en otras ocasiones trabajar la motivación intrínseca”. Para ello releva que es clave conectarse con la realidad y lenguajes de las nuevas generaciones, como noticias, memes virales y humor.

Además, enfatiza que “la motivación se transmite a nivel emocional, por lo que los docentes deben estar motivados”.