Hay historias que no aparecen en las estadísticas ni en las medallas. Historias que se escriben de madrugada, preparando bolsos, organizando horarios, entrenando con niños al borde de una cancha o viajando kilómetros para sostener un sueño deportivo sin dejar de lado el rol más importante de sus vidas: ser madres. En el Día de la Madre, tres mujeres de la conurbación comparten sus experiencias ligadas al deporte, una pasión que ha marcado sus caminos y también la formación de sus hijos.
Desde el fútbol profesional, el karate kyokushin y la natación en aguas abiertas, sus relatos hablan de perseverancia, sacrificios y una enorme capacidad para salir adelante. A sus 27 años, la futbolista de Club Deportes La Serena, Kasandra Pérez, reconoce que gran parte de su vida ha transcurrido dentro de una cancha. Nacida en Antofagasta, comenzó jugando fútbol en canchas de tierra junto a hombres en el club Xstrata Copper, una experiencia que terminó moldeando su personalidad.
“El fútbol me acompañó desde muy pequeña y me ayudó a crecer como jugadora y también como persona”, relata. Su talento la llevó a pasar por Cobremar, realizar pruebas en Universidad de Chile e incluso en selecciones nacionales juveniles. Sin embargo, las dificultades propias de aquellos años del fútbol femenino le impidieron consolidarse tempranamente.
Más adelante recaló en Deportes Antofagasta, aunque antes del profesionalismo pleno de la disciplina. Después de un retiro momentáneo y de volver al amateurismo, la pandemia cambió nuevamente su destino. Junto a su familia llegó a Coquimbo y desde ahí comenzó primero en Coquimbo Unido y luego en Deportes La Serena, club donde ya suma cinco temporadas.
Sin embargo, el momento que más transformó su vida ocurrió en 2018 con el nacimiento de su hija. “Ser mamá y futbolista al mismo tiempo ha sido un desafío enorme, porque hay que aprender a equilibrar entrenamientos, viajes, partidos y también estar presente en su crecimiento”, comenta. Reconoce que muchas veces el desgaste físico y mental aparece, aunque asegura que su hija se convirtió en la principal motivación para seguir adelante.
“No ha sido fácil, pero todo el esfuerzo también es por ella y por el futuro que quiero construir para ambas”, señala. Kasandra entiende que el deporte le enseñó disciplina, perseverancia y fortaleza mental, herramientas que hoy aplica tanto dentro como fuera de la cancha. Y aunque admite que compatibilizar ambos mundos sigue siendo complejo, asegura que la maternidad también la hizo más madura y fuerte.
Gabriela González: la karateca que jamás dejó el dojoGabriela González Pérez tiene 41 años y lleva más de 26 practicando karate kyokushin. Nacida y criada en La Serena, encontró en esta disciplina una forma de vida que nunca abandonó, incluso cuando se convirtió en madre. Hoy se desempeña como instructora y atleta en el dojo La Serena, ubicado en el sector de Ulriksen, donde continúa entrenando y formando nuevas generaciones.
“El karate nunca salió de mi vida”, resume. Su camino deportivo no ha sido sencillo. Al tratarse de una disciplina no olímpica, gran parte de los viajes y competencias debieron financiarse con esfuerzo familiar y trabajo personal.
Aun así, logró competir en Sudamericanos y alcanzar dos participaciones mundialistas en Japón. En 2016 fue quinta del mundo en su categoría como competidora, mientras que en 2025 regresó al Mundial, esta vez como coach e instructora. La maternidad apareció en 2014 con el nacimiento de su hijo Máximo Valderrama, quien hoy está próximo a cumplir 12 años.
Y lejos de alejarse del deporte, Gabriela decidió integrarlo desde el primer momento a su vida deportiva. “Desde bebé iba al dojo conmigo. Lo dejaba en su cuna mientras entrenaba.
Siempre estuvo involucrado en este ambiente”, recuerda. Reconoce que los primeros años fueron los más difíciles. “Entrenar y ser mamá cuesta muchísimo más cuando son bebés”, admite.
Sin embargo, jamás pensó en abandonar una de sus dos pasiones. “Nunca sentí que tenía que elegir entre ser mamá o seguir haciendo deporte”, sostiene. Con el paso del tiempo, la relación entre ambos terminó fortaleciéndose aún más.
Hace poco más de un año logró convencer a su hijo de practicar karate y hoy entrenan juntos. “Ahora es mi compañero de dojo”, dice con orgullo. Para Gabriela, el deporte no sólo entrega herramientas físicas, sino también valores fundamentales para la vida.
“La disciplina, el respeto y la perseverancia son cosas que también trato de transmitirle a mi hijo todos los días”, asegura. Elsa Sierra: una vida entera respirando deporteLa historia de Elsa Sierra parece resumir varias vidas en una sola. Nadadora de aguas abiertas, profesora de educación física, salvavidas, entrenadora y hoy madre de tres hijos, todos ligados de alguna manera al deporte y las artes.
Nacida y criada en la Parte Alta de Coquimbo, Elsa comenzó a nadar en el mar a comienzos de los años 90, cuando prácticamente no existían mujeres dedicadas a las aguas abiertas en la región. “En esos años era prácticamente la única mujer que nadaba en el mar”, recuerda. Su primera hija nació cuando apenas tenía 18 años y aún cursaba enseñanza media.
El embarazo la obligó a cambiarse a la jornada nocturna para terminar sus estudios, mientras trabajaba y continuaba ligada al deporte. “Fue una etapa muy difícil. Había menos oportunidades y menos recursos.
Tenía que estudiar, trabajar y seguir adelante”, cuenta. Con el tiempo logró sacar adelante varias carreras técnicas y posteriormente titularse como profesora de educación física. Su hija mayor, Mellisa, terminó heredando la pasión por la natación y llegó incluso a integrar selecciones chilenas en pruebas de aguas abiertas y estilo mariposa.
Su segundo hijo, Claudio, también se vinculó al deporte y actualmente es periodista titulado de la Universidad de Chile. Mientras que la menor, Mailen Cortés Sierra, es hoy seleccionada chilena sub 16 de waterpolo y se encuentra disputando un Sudamericano en Brasil. “Vivimos rodeados de deporte.
Respiramos deporte todo el tiempo”, dice Elsa. A sus 51 años continúa compitiendo activamente en aguas abiertas. Ha participado en travesías emblemáticas como Faro-Coquimbo, Canal de Chacao, Punta de Choros-Isla Damas y pruebas internacionales de larga distancia.
Además, dirige el Club Mayor de Natación de Coquimbo y continúa entrenando adultos y niños. Compatibilizar entrenamientos, trabajo, viajes y maternidad sigue siendo agotador. “Hay que ser muy organizada.
El deporte me enseñó planificación y disciplina. Es agotador, pero se puede”, afirma. Durante la pandemia protagonizó además una experiencia que terminó transformándose en fenómeno social.
Junto a su hija menor comenzó a bajar diariamente al mar durante la franja deportiva matinal, motivando a decenas de adultos mayores y vecinos a integrarse a la actividad física y a las aguas abiertas. “Muchos llegaron con problemas físicos o emocionales y encontraron ahí un círculo de amistad y apoyo”, recuerda. Hoy, mientras continúa compitiendo en circuitos nacionales e internacionales, Elsa mira con orgullo cómo sus hijos crecieron bajo los mismos códigos que marcaron toda su vida.