El físico argentino José Edelstein (Buenos Aires, 1968), que brindará la charla inaugural de Puerto de Ideas Antofagasta, que empieza este jueves, advirtió contra los recortes en ciencia que afectan tanto a Argentina y Chile de mano de gobiernos de ultraderecha en el poder. “Ojalá la gente votara usando más la cabeza y menos el corazón. Chile, en particular, abandonará décadas de enorme progreso científico y tecnológico que lo ha llevado, por ejemplo, a ser parte importante de las investigaciones que dieron lugar al premio Nobel de Física en 2011 para, si este tipo de gobierno persiste en sus recortes, bajar a segunda división”, alertó.
A lo largo de cuatro días, el evento abordará temas como los estudios sobre el cerebro y la neurociencia, la genética y la evolución, la física y las leyes del universo, la astronomía, la inteligencia artificial y las matemáticas, la biología y la conservación de ecosistemas, así como la exploración de los océanos y la naturaleza. Edelstein brindará además el viernes una charla sobre el error en la ciencia (“Equivocarse es mejor“). Trayectoria Profesor de Física Teórica en la Universidad de Santiago de Compostela e investigador del Instituto Gallego de Física de Altas Energías (España), Edelstein es licenciado por el Instituto Balseiro y doctor por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), y realizó estudios postdoctorales en la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y en el Instituto Superior Técnico de Lisboa (Portugal).
Es autor de más de 75 artículos científicos y de varios libros de divulgación, entre ellos La tiranía del azar (2025), Trece maneras de mirar el cielo (2025), Antimateria, magia y poesía (2021), Einstein para perplejos (2017) y Cuerdas y supercuerdas (2016). Su investigación se centra en comprender las leyes más profundas del universo: estudia la gravedad, las partículas elementales, el origen y evolución del cosmos y las teorías que buscan unificar la física, como la teoría de cuerdas y la gravedad cuántica. Su trabajo en comunicación científica ha sido reconocido con premios de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Argentina y los Premios Prismas.
Participa regularmente en el podcast Coffee Break: Señal y Ruido y es co-creador de la plataforma de contenidos científicos Amautas. – ¿Cómo y por qué se convirtió en científico? – En el bachillerato me destacaba en física y matemática.
Me gustaban mucho las dos materias. Supongo que disfrutaba ese instante sublime de la comprensión. De todos modos, empecé a estudiar ingeniería electrónica, pensando en que sería algo más seguro para mi futuro laboral.
Pero en cuarto año de la carrera me di cuenta de que el ejercicio profesional del ingeniero no me atraía y, en cambio, quería seguir sintiendo eso que había experimentado con la física y la matemática. Decidí apostar fuerte y convertirme en físico teórico, sin preocuparme por mi futuro laboral que, de todos modos, se fue acomodando muy bien. – En los últimos 200 años la ciencia ha avanzado como nunca antes en la historia.
¿A qué se puede atribuir ese fenómeno? – Hay un ensayo muy bonito de Stephen Jay Gould que dice que le evolución de la cultura sigue las leyes de Lamarck y no de Darwin. Avanzamos sobre los progresos de quienes nos precedieron y eso imprime aceleración.
En el Renacimiento comenzó lentamente esta aventura que empezó a acelerarse realmente con Newton. Y la aceleración hace que la velocidad del progreso sea cada vez mayor. Hoy, sin ninguna duda, vivimos una era vertiginosa que coloca al ser humano al límite de su capacidad para mantener el ritmo cognitivo.
– Paradójicamente, en los últimos años también ha habido un auge de creencias como el terraplanismo o el negacionismo climático, incluso en gobiernos como los de Estados Unidos y Chile. ¿Cómo se explica eso y cómo pueden actuar los científicos al respecto? – Creo que fue Arthur Clarke quien dijo que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
Vivimos una época en la que nuestra realidad cotidiana nos parece mágica: internet, el posicionamiento global, la IA, la computación, las técnicas de diagnóstico por imágenes… Es un contexto perfecto para que aflore el pensamiento mágico. Esto genera, al mismo tiempo, una suerte de reacción, de rebeldía banal frente a la cultura científica, que hace que se empiecen a aglomerar personas que, en lugar de esforzarse por entender, se entregan a algo más sencillo: creerse parte de un grupo de iluminados que “no se dejan engañar” por lo que perciben como un discurso del poder. Eso si, para organizarse utilizan todos los dispositivos tecnológicos de ese conocimiento que dicen cuestionar.
¿Qué podemos hacer los científicos al respecto? Me temo que, además de hacer pedagogía, habrá que acostumbrarse a convivir con ese fenómeno. – ¿Cómo es la interacción actual entre la ciencia y la inteligencia artificial?
– Lo que coloquialmente se entiende por inteligencia artificial son los modelos generativos de lenguaje. Pero las redes neuronales se utilizan en la ciencia ya hace muchos años. Estamos viviendo un momento revolucionario cuyo alcance es aún incierto.
Yo mismo estoy explorando en mi trabajo estas posibilidades. En febrero de este año salió por primera vez un resultado en co-autoría con ChatGPT, que descubrió una fórmula general que grandes investigadores de Harvard estaban intentando encontrar. De momento, la colaboración entre humanos y la IA es imprescindible.
En un futuro cercano, no estoy tan seguro. Me gustaría pensar que los humanos seremos siempre necesarios, pero es solo una expresión de deseo. En cualquier caso, la ciencia que la IA desarrolle será diferente.
Hay un componente creativo en nuestra especie que me parece difícil de replicar. De eso hablaré en Puerto de Ideas. – El método científico se caracteriza por el ensayo y el error.
¿Por qué hará una exposición sobre el error? ¿Cómo surgió esta idea? – Creo que el método de la ciencia, si es que tiene alguno, reside en la naturaleza del error y la manera de lidiar con él.
El error es la norma, el acierto la excepción. De modo que una estrategia poderosa es saber convertir el error de hoy en un error distinto mañana. El pensamiento científico es dinámico.
Explora el territorio desértico del error de un modo que le permite rondar cada tanto algún oasis del acierto. Esta manera de entender la ciencia, en mi opinión, también permite posicionarse mejor frente a terraplanistas que nos ofrecen una “verdad” inconmovible, un punto de llegada estéril del que no podemos sacar nada. – ¿Qué ejemplos concretos -y científicos concretos- puede nombrar en el tema del error?
– Todos los científicos han cometido muchos más errores que aciertos. En cierto sentido, incluso Newton con su Gravitación Universal se equivocó. Pero su error es portentoso, una catedral del conocimiento, que nos permitió predecir eclipses y enviar astronautas a la Luna.
Investigar es errar. Pero hay un método en ese error, para que sirva para algo. Einstein, por poner otro ejemplo, estaba equivocado en su visión de la mecánica cuántica.
Pero gracias a su error se logró identificar el entrelazamiento cuántico que es la base de la revolución tecnológica del siglo XXI.