En los últimos días se registró un fenómeno desconocido en la Región del Biobío: verdaderas “nubes” de zancudos se concentraron en comunas del Gran Concepción, como Talcahuano, Hualpén y San Pedro de la Paz. Vecinos reportaron presencia masiva, con miles de insectos, que incluso ingresaban a viviendas y dificultaban la vida cotidiana, generando preocupación por su intensidad inusual para esta época del año. Aunque la imagen parece salida de un pasaje bíblico, el dato clave es que no se trató de una plaga tradicional, sino de un fenómeno ambiental gatillado por condiciones muy específicas: lluvias recientes, altas temperaturas fuera de temporada y abundancia de agua estancada.
Sin embargo, el fenómeno va más allá del clima inmediato. Distintos especialistas coinciden en que estas nubes de mosquitos son una señal de desequilibrio ecológico. La proliferación se ve favorecida por tres factores que actuaron al mismo tiempo: Cambio climático (temperaturas fuera de temporada).
Pérdida de biodiversidad. Intervención de humedales. El cambio climático está generando condiciones más cálidas y húmedas en periodos donde antes no ocurrían, lo que permite que estos insectos aparezcan incluso en otoño y no solo en verano.
La pérdida de biodiversidad, en tanto, se relaciona con la disminución de depredadores naturales –como murciélagos, libélulas o anfibios–, lo que lleva a la tercera causa: la intervención de humedales y cambios en los ecosistemas urbanos. Hugo Benítez, investigador del Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva del Instituto One Health de la Universidad Andrés Bello, explica que la urbanización de humedales o la instalación de poblaciones en zonas que antes no tenían presencia humana son situaciones que alteran las redes naturales de control biológico. “Construir una casa en un humedal o una población cerca de un humedal siempre va a ser una causal de conflicto.
Los mosquitos van a estar ahí igual, solo que antes no había humanos”, explica. La complejidad surge cuando el asentamiento humano se superpone a un sistema que ya tenía su propia dinámica ecológica. En ambientes naturales poco alterados, los zancudos forman parte de un equilibrio más complejo.
“Estos mismos mosquitos tienen controladores naturales. Hay sapitos que se comen las larvas, hay libélulas, cuyas larvas acuáticas también se alimentan de las larvas de zancudos. Hay un ciclo muy interesante que ocurre en el agua”, detalla Benítez.
Sin embargo, cuando se alteran esos espacios, aparecen las imágenes que parecen haber salido de relatos de ficción. Antes de cerrar, un dato curioso: solo las hembrasson hematófagas. Necesitan sangre para obtener proteínas que les permitan desarrollar sus huevos.
Los machos no pican. Se alimentan de néctar y otras fuentes vegetales. La edición completa del newsletter en el siguiente link.