Eso sí, ninguna de estas opciones ha sido probada. La maldición de su tumba Otro antecedente es que la tumba de Shakespeare tiene un grabado que dice: “Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito aquel que remueva mis huesos”, lo que se cree ha disuadido intentos de abrirla. Pero una investigación del 2016 que utilizó un radar de penetración terrestre, mostró una “extraña” alteración en el área de la cabeza, lo que indica que falta el cráneo, que se cree que fue robado.

Por otro lado, mientras que figuras como Sir Philip Sidney o Edmund Spenser recibieron funerales de Estado y honores públicos, la muerte de Shakespeare en 1616 pasó prácticamente desapercibida en Londres. En aquel entonces, los actores eran las estrellas; los dramaturgos, “hombres de la trastienda” a menudo pasaban como anónimos, dice el citado medio. Hoy, su tumba sigue protegida por su “maldición”, manteniendo el secreto de sus restos.