La convivencia escolar dejó de ser un problema puntual para transformarse en una crisis estructural en Chile. Solo en 2025 se registraron 22. 680 denuncias en el sistema educativo, de las cuales un 75,3% correspondieron a conflictos de convivencia, evidenciando un deterioro sostenido en el clima de los establecimientos.
El fenómeno no solo impacta a estudiantes, sino también a docentes. Según el Índice Nacional de Bienestar Docente 2025, 4 de cada 10 profesores declara haber sido agredido por estudiantes y un 24% asegura no sentirse seguro en su lugar de trabajo. A esto se suma un dato crítico: más de 22 mil docentes han abandonado la profesión, teniendo como principales causas la inseguridad en las aulas y el agobio laboral.
El escenario ha generado una creciente sensación de desprotección en las comunidades educativas, donde equipos directivos y profesores enfrentan situaciones cada vez más complejas sin herramientas claras para intervenir a tiempo. En muchos casos, las decisiones se toman de forma reactiva, cuando los conflictos ya han escalado.