Millones de personas en el mundo sufren dolor de espalda en algún momento. Y en Chile, el diagnóstico de una hernia discal es bastante común: según cifras de la Clínica Las Condes, entre un 20 a 30% de la población padece esta enfermedad degenerativa de la columna. Pero aunque su nombre y categoría suenan pesimistas, la realidad es que en la mayoría de los casos, es una lesión que no siempre duele, tiene tratamiento y casi nunca termina en una cirugía.

Tampoco significa que la espalda no pueda recuperarse y que haya que hacer reposo absoluto y dejar de hacer ejercicio. Para aclarar los mitos y dudas sobre este diagnóstico, un grupo de cinco fisioterapeutas escribió un artículo en The Conversation. Esto fue lo que dijeron Para entender el concepto, primero hay que saber qué es un disco: se trata de la estructura que se encuentra entre dos vértebras de la columna.

Es fibroso por fuera y gelatinoso por dentro, y permite la flexibilidad de la columna. Es básicamente la amortiguación de la columna cuando caminamos, corremos y saltamos. Pero, “con el paso del tiempo y la influencia del estilo de vida, estos discos pueden cambiar de forma”, explicaron los especialistas.

Ahora, una hernia de disco o hernia discal ocurre “cuando parte del contenido interno del disco sobresale más allá de sus límites habituales”. Contrario a lo que se cree, esto no significa necesariamente que la columna esté dañada. Los fisioterapeutas lo comparan con una arruga de la piel: es solo una señal de adaptación o envejecimiento.

Y es que las hernias de disco no siempre causan dolor ni otros síntomas. Por ello, los especialistas aseguran que recibir este diagnóstico no significa que haya que intervenir de inmediato. La pregunta ya no es si el paciente tiene una hernia, sino si esa hernia le está provocando síntomas, dolor o afectando su calidad de vida.

Son miles las personas que tienen hernias discales y que no tienen ningún síntoma, según un estudio publicado en The American Journal of Neuroradiology. Esto llevó a pensar a los profesionales de la salud que, en realidad, se trata de un desgaste natural del tiempo y no exclusivamente una patología. Sin embargo, la hernia de disco se convierte en un problema cuando aparecen síntomas.

Según Mayo Clinic, estos pueden ser: De acuerdo a los fisioterapeutas, no se trata solo de que el disco comprima un nervio, sino que puede haber un proceso inflamatorio alrededor de la raíz nerviosa que aumenta la sensibilidad y el dolor. Aún así, recordaron que “una hernia discal no es sinónimo de gravedad: a menudo no causa dolor y muchas personas mejoran sin cirugía”. Mantenerse positivos frente al diagnóstico es clave para una pronta y exitosa recuperación, aseguraron los autores, pues muchas veces el temor de que se trata de algo grave o que el dolor no desaparecerá puede ser más incapacitante que la propia lesión.

“El tratamiento conservador es la primera opción recomendada en la mayoría de los casos”, aseguraron los expertos. Y es que la evidencia muestra que aunque la cirugía suele aliviar el dolor más rápido en algunos pacientes, el tratamiento no quirúrgico tiene resultados similares, solo que a mediano y largo plazo. “En ausencia de signos neurológicos graves, el tratamiento conservador es el enfoque recomendado”.

Es decir, si el paciente tiene pérdida progresiva de fuerza en la pierna, alteración en el control de esfínter o dolor incapacitante, debe consultar de inmediato con un profesional de la salud. Para casos más leves, en los tratamientos conservadores los especialistas pueden recetar medicamentos para el dolor (no es recomendable automedicarse) y una pauta de kinesiología o fisioterapia para aliviar los síntomas. Cada paciente debe ser evaluado por un profesional acreditado para encontrar la mejor alternativa.

En general, las guías internacionales de manejo de esta lesión suelen recomendar (para afecciones menores) mantenerse activo, dentro de lo que tolere el paciente. En la mayoría de los casos, dejar de moverse y mantenerse en reposo puede empeorar el dolor. Es recomendable caminar, moverse por casa y realizar ejercicio indicado por un profesional de la salud.

También tratar de progresar hacia el fortalecimiento y recuperar la funcionalidad. “Tener una hernia discal no significa que nuestra espalda esté ‘rota’. En la mayoría de los casos, el cuerpo tiene capacidad de adaptación y recuperación si se le da el estímulo adecuado.

Así que, más que centrarnos en lo que muestra una resonancia, conviene centrarnos en lo que somos capaces de hacer. El objetivo no es ‘arreglar un disco’, sino recuperar movimiento, confianza y calidad de vida”.