Lo del gobierno de Kast con la salud pública ya dejó de ser una discusión económica y pasó a transformarse en una demostración brutal de desconexión humana. Porque mientras desde Santiago hablan de responsabilidad fiscal y balances contables, en regiones las personas simplemente intentan sobrevivir esperando una atención médica que cada día se vuelve más difícil de conseguir. El Decreto 333 del Ministerio de Hacienda recorta más de $7.

600 millones a los principales hospitales de la Región del Biobío. Solo el Hospital Regional de Concepción perderá miles de millones fundamentales para sostener funcionamiento, atención y personal. A eso se suman recortes al Hospital Las Higueras de Talcahuano y al Hospital de Los Ángeles, tres establecimientos que sostienen gran parte de la red pública del sur de Chile.

Lee también... Quiroz evita explicar cómo se hará "más con menos recursos" en Salud y delega definición al Minsal Viernes 15 Mayo, 2026 | 09:42 Y parece que el Gobierno todavía no entiende algo básico: cuando se recortan recursos en salud no se recortan papeles ni oficinas. Se recortan médicos, especialistas, enfermeras, TENS, cirugías, tratamientos y medicamentos.

Se recorta directamente la vida de las personas. Porque detrás de esos $7. 600 millones menos existen consecuencias reales.

Menos horas médicas disponibles. Menos pabellones funcionando. Más listas de espera.

Más pacientes hacinados en urgencias. Más adultos mayores esperando meses por una operación. Más familias completas viviendo la angustia de no saber cuándo serán atendidas.

¿De verdad la solución económica del gobierno consiste en dejar hospitales sin personal para poder mostrar “números azules”? ¿Esperan equilibrar las cuentas públicas reduciendo especialistas y debilitando hospitales que ya funcionan colapsados? Porque eso no es eficiencia; eso es trasladar el costo del ajuste directamente al cuerpo y a la salud de las personas.

El Biobío no solo atiende a sus propias comunas. El Hospital Regional Guillermo Grant Benavente recibe pacientes derivados desde distintos puntos del sur de Chile. Las Higueras sostiene una parte clave de la red Talcahuano y el Hospital de Los Ángeles resulta vital para toda la Provincia de Biobío y sectores cordilleranos.

Debilitar estos hospitales no afecta únicamente a una región; afecta a miles de familias que no tienen otra alternativa. Y lo más grave es que quienes toman estas decisiones probablemente jamás deberán pasar una noche esperando en una urgencia pública, ni esperar un año por un especialista, ni decidir entre comprar medicamentos o pagar las cuentas básicas. El ajuste siempre cae sobre los mismos: trabajadores, adultos mayores, mujeres y niños que dependen del Estado para poder atenderse.

Esto ya no es solamente una mala decisión política. Es una decisión profundamente cruel y derechamente criminal. Porque cuando un gobierno sabe que el sistema público está colapsado y aun así decide quitarle recursos, lo que hace es abandonar a su propia gente.

Recuerde que usted es presidente de todos los chilenos, no solo de aquellos con poder adquisitivo. Presidente Kast, usted que permanentemente habla de valores cristianos y de defensa de la vida, deje de jugar con la salud y la vida de las personas. Porque cuando un hospital pierde recursos, no pierde solo presupuesto: pierde capacidad de atender, de operar y muchas veces de salvar vidas.

Las consecuencias de estos recortes se mediran en pacientes esperando una cirugía, en familias sin atención o en personas que simplemente no llegarán a tiempo a un tratamiento. Lee también... La salud pública no se recorta: se defiende Jueves 14 Mayo, 2026 | 15:25 La responsabilidad de esta medida criminal tiene nombres y apellidos.

Es responsabilidad directa del presidente José Kast, del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz Castro, que impulsa y ejecuta estos recortes, y también de la ministra de Salud, May Chomalí, que frente a una decisión que costará la vida a miles de chilenos ha optado por el silencio y termina transformándose en cómplice de una política que debilita aún más la salud pública del país. No logro comprender cómo personas que se dicen tan católicas y que se golpean el pecho a diario en misa pueden actuar con un nivel de inhumanidad tan grande frente al sufrimiento de miles de familias que dependen del sistema público de salud. Presidente, ministros, ¿dónde está el Cristo que sufre hoy?

, ¡qué vergüenza!