Opinión 21-04-2026 Pensar el desarrollo con los pies en la Tierra Romina Cayumil, directora de la Escuela de Ingeniería, Medio Ambiente y Recursos Naturales de Duoc UC Hablar de desarrollo en Chile hoy implica reconocer una tensión fundamental: proyectamos crecimiento en un escenario donde los recursos son limitados y el entorno exige nuevas formas de avanzar. El verano reciente volvió a evidenciar fenómenos que ya forman parte de nuestra realidad: olas de calor más prolongadas, incendios recurrentes y una sequía que dejó de ser excepcional. En este contexto, integrar la dimensión ambiental en la planificación del progreso no es solo recomendable, sino indispensable.
Durante mucho tiempo, desarrollo y sostenibilidad se concibieron como caminos paralelos. Sin embargo, la evidencia demuestra que son inseparables. El informe publicado en 2025 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) reveló que cerca de 8 de cada 10 personas en situación de pobreza multidimensional están directamente expuestas a amenazas climáticas como temperaturas extremas, inundaciones, sequías o contaminación atmosférica.
Estos datos confirman que se trata de fenómenos interdependientes que requieren un enfoque integral. El verdadero reto es avanzar considerando los límites físicos del entorno que sostiene nuestro desarrollo. Según el último Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero publicado en 2024, Chile emitió más de 111 millones de toneladas de CO₂ equivalente, con el sector energía concentrando un 76,4% de las emisiones totales.
Esto refleja que la forma en que producimos y nos movilizamos sigue siendo el principal desafío climático. No obstante, también existen señales alentadoras. El Ministerio de Energía informó que en 2024 más del 60% de la generación eléctrica provino de fuentes renovables, consolidando una transición que posiciona al país como referente regional.
Asimismo, el sistema de compensación de emisiones permitió neutralizar más de 4 millones de toneladas de CO₂ en el último año, canalizando inversión hacia soluciones concretas. El camino hacia un desarrollo sostenible exige fortalecer la productividad y mantener industrias estratégicas, pero sobre una base ambiental robusta. Replicar modelos intensivos en recursos ya no es viable ni eficiente.
La urgencia climática no limita el crecimiento; establece el marco que asegura su continuidad. En un país de recursos finitos, el progreso se mide no solo por cuánto avanzamos, sino por nuestra capacidad de sostener ese avance en el tiempo.