Entre pinceles, telas y colores que parecen no agotarse nunca, Samantha Elzo ha encontrado su forma de decirle al mundo quién es. Tiene 25 años, síndrome de Down y un talento que no deja indiferente a quienes se detienen frente a sus creaciones. En un pequeño carrito instalado en PaseoCocodrilo’s, en el sector de La Herradura, su arte dejó de habitar solo las paredes de su casa para transformarse en objetos cotidianos que hoy recorren manos, hogares y emociones.

Detrás de este proyecto está su madre, María Eugenia Carbacho, enfermera de profesión y, por decisión de vida, la principal impulsora de este camino. “La artista es ella”, recalca con convicción. Así nació Amai Arte Inclusivo, un emprendimiento que no solo busca comercializar productos, sino también abrir una ventana hacia las capacidades, la sensibilidad y la autonomía de Samantha.

El vínculo de Samantha con el arte, sin embargo, no es reciente, pues desde los 14 años comenzó a pintar, primero guiada por profesores en Santiago, ciudad donde vivían antes de trasladarse a la Región de Coquimbo hace seis años. Con el tiempo, su trazo fue evolucionando, así como también su forma de entender el color y las composiciones. “Ella maneja muy bien los colores, tiene muy claro lo que quiere hacer”, cuenta su madre, describiendo a una joven que vive en constante proceso creativo.

En su casa, dice entre risas, hay miles de lápices, pinturas y materiales. Porque Samantha no deja de imaginar. Se inspira en lo que ve, en lo que siente, en lo que encuentra incluso en redes sociales como Pinterest, donde busca ideas que luego transforma en creaciones propias.

“Mira mami, mira esto”, le dice con entusiasmo, iniciando nuevos proyectos que muchas veces terminan convertidos en pañuelos, poleras, posavasos o piezas únicas de loza pintadas a mano. Arte para todosPero el salto desde el arte íntimo al emprendimiento fue más reciente. Hace menos de un año, María Eugenia decidió que esas obras no podían seguir guardadas.

“Pensé que este arte que estaba colgado en las paredes podía llevarse a distintos artículos”, explica. Así comenzaron, primero con pañuelos, luego con pañoletas, y más tarde con una amplia gama de productos que hoy llevan el sello distintivo de Samantha. Pero el camino no ha estado exento de desafíos.

Como en todo emprendimiento, ha habido aprendizajes, decisiones acertadas y otras no tanto. Sin embargo, el apoyo ha sido clave. Desde espacios que les han permitido instalar su carrito, hasta el impulso obtenido tras adjudicarse el fondo Emprende Abejas de SERCOTEC, que les permitió adquirir maquinaria y comenzar a producir desde casa mediante técnicas como la sublimación.

A eso se suman oportunidades que han marcado la historia de Samantha. Su paso por el modelaje, por ejemplo, donde logró graduarse como modelo profesional entre más de 400 participantes, o su participación en eventos como el Coquimbo Fashion Booking en INACAP, donde incluso vistió un diseño elaborado con flores de azúcar, experiencias que no solo fortalecen su autoestima, sino que también visibilizan su talento. Este año, además, fue invitada por el municipio de Coquimbo a participar en la feria instalada en el ingreso del Puerto de Coquimbo en cada recalada de cruceros.

Aquí pudo llevar su arte al mundo, despertando gran interés entre los turistas extranjeros. Lo más importanteSin embargo, no todo ha sido fácil. Uno de los principales desafíos ha sido el lenguaje.

Aunque Samantha comprende perfectamente su entorno, le cuesta expresarse verbalmente con fluidez. Y es ahí donde el arte se transforma en su canal más potente. “El arte le ha ayudado a expresarse muchísimo”, afirma su madre.

Cada trazo, cada color, cada diseño es una forma de comunicación, una extensión de su mundo interior. En ese proceso, también ha sido clave el acompañamiento. María Eugenia ha optado por no imponer caminos, sino apoyar las decisiones de su hija.

“Nunca la he obligado a hacer algo”, explica. Ha sido Samantha quien ha ido eligiendo, explorando y definiendo su rumbo, ya sea en la pintura, el diseño de vestuario o ahora en nuevas técnicas como el trabajo en arcilla, donde recientemente comenzó a incursionar con entusiasmo. El emprendimiento, además, abre una puerta importante hacia el futuro: la autonomía.

Aunque Samantha recién está comenzando a entender que su trabajo puede generar ingresos, su madre ya proyecta lo que esto puede significar más adelante. “Uno siempre tiene que mirar más lejos”, reflexiona. La meta no es solo vender, sino construir una base que le permita a Samantha desarrollarse y sostenerse en el tiempo.

Más allá de lo económico, hay también un mensaje profundo. Una invitación a cambiar la mirada. A dejar de ver limitaciones y comenzar a reconocer potencialidades.

“Falta mucho todavía”, dice María Eugenia, recordando experiencias en Chile y en el extranjero que evidencian cuánto queda por avanzar en inclusión. Pero también reafirma su convicción de mostrar, a través de su hija, todo lo que es posible. Hoy, en su carrito en Paseo Cocodrilo´s, abierto de jueves a domingo de 17:00 a 20:00 horas, Samantha no solo exhibe productos, pues también puedes encontrar su arte en su página web www.

samayarte. cl y su Instagram samay_arte_inclusivo con productos que van desde los 3 mil pesos hasta los $22 mil. La artista expone una historia de perseverancia, amor y confianza.

Cada pieza es única, no solo por su diseño, sino por lo que representa: una mujer que encontró en el arte su voz, su espacio y su forma de estar en el mundo. La invitación queda abierta. A conocer, a valorar y a dejarse sorprender.

Porque detrás de cada color hay una historia, y detrás de cada historia, una oportunidad de mirar distinto.